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¿Es posible contrarrestar la obesidad atacando el cerebro?

La obesidad, una enfermedad multifactorial, está creciendo rápidamente en las últimas décadas. Si bien los tratamientos en el mercado tienen efectos secundarios fuertes, la investigación trata de explorar nuevas vías. Carole Rovere, es una neurofisióloga especializada en la relación entre la obesidad y el cerebro. Y es que todavía no hemos perdido la lucha contra el sobrepeso.

La obesidad sigue su loca ascensión. Había 300 millones de personas obesas viviendo en el planeta en 2002, la OMS prevé que será de 600 millones en 2015. Multiplicaremos por dos la población de obesos en trece años. La comida chatarra, la genética, el estado psicológico… las razones son muchas, pero la situación es alarmante. Algunos medicamentos para combatir la enfermedad se han vendido… pero ante la gravedad de los efectos secundarios, las autoridades sanitarias tuvieron que retirarlos del mercado.

Así que debemos encontrar nuevas soluciones, y los investigadores lo están haciendo. Entre las vías exploradas, está el papel del cerebro en la obesidad. Al fin y al cabo, es el cerebro quien regula el apetito. O mejor, una estructura particular, bien escondida en el centro del cerebro: el hipotálamo. Durante una comida, recibe información de los órganos periféricos, tales como el tejido adiposo, el estómago o el páncreas. A continuación, se puede monitorizar y evaluar la digestión de los recursos energéticos. El cerebro desempeña el papel de centro de saciedad, y es a través de él como tenemos la sensación de hambre o por el contrario, la de inapetencia.

Desde 2009, nuestra visión de la obesidad ha evolucionado un poco. De hecho, una nueva hipótesis ha emergido en los últimos años, implicando no solamente una inflamación periférica ligada a la obesidad pero también una inflamación central, causando inflamación local en el cerebro, produciendo los mismos mediadores proinflamatorios que los producidas en la inflamación periférica. Estos mediadores, reagrupados en la gran familia de las citoquinas, actúan sobre los sistemas neuronales implicados en la regulación de la ingesta de alimentos. Esta es la neuroinflamación, y el vínculo que tiene con la obesidad, como Carole Rovere, neurofisióloga en el equipo del Dr. Jean-Louis Nahon en el Instituto de Farmacología Molecular y Celular (IPMC, CNRS) de Sophia Antipolis, ha estudiado en detalle.

Las citoquinas perturban el cerebro

Con la escasez de soluciones medicamentosas, tratamos de explorar nuevas vías para luchar contra esta pandemia“, dice la investigadora. “Nuestra idea es estudiar el papel de estas citoquinas, y ver si no representan un potencial mediador entre las células inmunes y las neuronas. Se espera que mediante el bloqueo de su acción los pacientes comiencen a perder peso“.

Los trabajos previos han podido poner en evidencia las citoquinas implicadas. “Cuando utilizamos estas moléculas en el suero de los sujetos obesos, nos dimos cuenta de que algunas de ellas se regulaban“, afirma de nuevo Carole Rovere. “Ocurre lo mismo en ratones obesos después de que sin alimentados con una dieta rica en grasa“.

Por tanto, es natural que los investigadores centren su atención en estas moléculas y probar sus efectos en ratones. Han mostrado que la inyección de estos mediadores en el cerebro en ratones conduce a un aumento de peso. Sin embargo, cuando se administra junto con su antagonista, una molécula que bloquea su actividad, el peso de los roedores se mantiene estable.

Sin embargo, el trabajo en curso dirigido en ratones mutantes que tienen la distinción de no expresar esta citoquina en particular. Los resultados todavía no están disponibles, pero de acuerdo con Carole Rovere, es posible que la obesidad está creciendo más lentamente.

El cerebro desregulado: hacia la anorexia o la obesidad

En esta investigación, por ahora en una fase muy preliminar, podría algún día conducirá un fármaco específicamente dirigido a un exceso de citoquinas, con el fin de disminuir el apetito y restaurar el comportamiento de alimentación saludable en los pacientes.

El equipo de la IPMC no sólo se refiere a la obesidad, sino también a la anorexia no mental, o más bien a ciertas formas de caquexia, otro trastorno de la alimentación, en esta ocasión el sujeto no tiene hambre. Una infección, un tratamiento farmacológico puede, por ejemplo, causar una neuroinflamación responsable de su falta de apetito. Esta vez, los mediadores inflamatorios involucrados son diferentes, pero el principio sigue siendo el mismo.

Si bien el remedio mágico contra la obesidad probablemente no existe, la investigación se esfuerza por explorar cada posible vía terapéutica. Y la colaboración entre los investigadores y la puesta en común de los resultados puede ayudar a desarrollar nuevas terapias que no tengan graves efectos secundarios. Estos mediadores inflamatorios representan posibles objetivos terapéuticos.

Los datos obtenidos deberían ayudar a comprender mejor los mecanismos fisiopatológicos implicados en los trastornos alimentarios como la obesidad y abren nuevas vías terapéuticas para tratar o prevenir el desarrollo de esta enfermedad y otras condiciones relacionadas.

cerebro

La obesidad es multifactorial, pero en algunos casos es causada por trastornos alimenticios, cuyo origen se encuentra en el cerebro. El hipotálamo, una glándula involucrada en varias funciones del cuerpo, incluyendo la secreción de ciertas hormonas, también actúa como un centro de saciedad. © WriterHound, DC

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