Epidemia de cansancio: el mundo está sin energía

¿Será que nunca antes hemos estado tan agotados? Investigamos la aparente falta de disposición que asola el mundo y, sobre todo, qué hacer para contrarrestarla.

Aquí va un par de historias verídicas acerca de esta epidemia de cansancio. Anna Katharina Schaffner y Levi Felix llevaban una vida aparentemente normal. Ella como profesora de literatura en Inglaterra. Él como vice-presidente de una start-up en los Estados Unidos. Adictos al trabajo, incorregibles, eran del tipo que saltan de la cama antes de que el reloj suene, de los que improvisan un aperitivo para el almuerzo y, al llegar a casa, no logran despegarse del trabajo.

Un día, entraron en crisis. Anna cayó en cama. Felix llegó a ser trasladado de urgencia al hospital debido a un colapso nervioso. Hoy, por suerte, se encuentran bien. En el período en que se encontraban recargando las baterías, el estadounidense viajó por el mundo y fundó una ONG enfocada en la desintoxicación digital. Anna redujo el ritmo en el trabajo, viajó y, después de mucha investigación, escribió un libro sobre la condición de que la había postrado en cama.

En su libre, la profesora defiende que, por más conectados que estamos hoy, el siglo 21 debe ser percibido como el más agotador de todos los tiempos.

El filósofo coreano Byung-Chul Han, de la Universidad de Berlín, en Alemania; y autor de La sociedad del cansancio, compara los días de hoy a la vida salvaje. Critica el concepto de “multitarea” – la ejecución de varias tareas al mismo tiempo, como comer, ver TV y estar en el celular. “Esto no representa progreso de la civilización. Se trata de retroceso”, asegura. Y va más allá: “Un animal ocupado en masticar la presa debe tener cuidado para que, al comer, él mismo no acabe comido”; esta es la metáfora principal del libro.

En Brasil, la opinión de Han es compartida por el filósofo Luiz Felipe Pondé. “Nunca vivimos de verdad, tenemos que ser, al mismo tiempo, eficientes y felices, además de tener que acumular un sinfín de objetos”, afirma. El neurólogo Manuel Poyares, presidente de la Asociación Brasileña de Medicina del Sueño, está de acuerdo: “Trabajamos demasiado y dormimos muy poco y mal”. Una reciente encuesta da una idea de la repercusión de ese comportamiento: el 98% de los brasileños encuestados dicen que están cansados y 61%, exhaustos.

“Por la falta de descanso, nuestra civilización se enfrenta a la barbarie”, escribió el filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900). Él ya alertaba de la necesidad de pisar el freno. Y, si no visualizamos el impacto inmediato en el mundo a nuestro alrededor, es claro que la salud de millones de personas alrededor del mundo se verá seriamente afectada.

Para entender mejor los efectos orgánicos del cansancio, los estudiosos comenzaron a dividirlo en tres etapas. El primero es el cansancio en sí, un estado de malestar después de un esfuerzo físico (un partido de fútbol) o mental (un examen de ingreso a la universidad). Sentirse cansado no es la razón para entrar en pánico. Todo el mundo necesita esa reacción para conocer sus límites. En general, el cansancio tiende a desaparecer después de una buena noche de sueño. Ahora, si al día siguiente te despiertas tan o más desprovisto de energía, es posible que hayas entrado en la segunda etapa, la fatiga.

El término viene de la palabra latina fatigari, y quiere decir “derrumbarse”. Es una sensación de cansancio persistente, que, además de indicar los límites físicos o mentales obsoletos, no resulta extraño encontrarla como síntoma de alguna enfermedad; entre ellas, la anemia y la depresión. En esta fase, el sujeto presenta una profunda dificultad de concentración, se irrita con facilidad y se queja de dolores y debilidad muscular. En la mayoría de las ocasiones, el cansancio mejora con el descanso y el ocio. Si no sucede así, es importante ver a un médico para investigar más acerca de su origen.

La situación se agrava cuando la fatiga se convierte en excesiva o prolongada. Ahí, sí, compromete la calidad de vida y la suma de daños a la salud. A cierta altura, Anna Katharina informa de que no tenía energía ni para levantarse de la cama por la mañana. En otras palabras, cruzó la línea hacia la tercera etapa, sentirse agotado.

“Sentirse agotado es pasar los límites. Es no tener recursos físicos o emocionales para salir de esa situación”, describe la psicóloga Ana María Rossi, presidenta de la International Stress Management Association (Isma-BR).

Cuando el agotamiento se produce particularmente en el ambiente de trabajo, gana otro nombre: burnout. Término que puede ser traducido como “combustión”. El síndrome de este agotamiento fue descrito por primera vez en 1974 por el psicólogo alemán Herbert Freudenberger y se estima que más del 20 % de la población mundial lo sufre.

“Puedes sospechar que estás a un paso del burnout cuando comienzas a exagerar en el uso de estimulantes, como el café y refresco, para mantenerte alerta. Estos artificios, además de no resolver el problema, pueden causar daños más graves al organismo”, advierte la psicóloga Heidi Hanna, directora del Instituto Americano de Estrés.

El impacto, no sólo en salud, sino en productividad, es devastador. “Hay quien piensa que pasar más tiempo en la oficina es sinónimo de productividad. Ni se imagina que, si estuviera descansado, produciría más en menos tiempo”, reflexiona Hanna.

Y el problema no termina ahí. Castigados por el cansancio, los trabajadores tienden a cometer más errores. Algunos de ellos de proporciones catastróficas. ¿Quieres ejemplos? El accidente nuclear de la central de Three Mile Island, en Pensilvania (Estados Unidos), el 28 de marzo de 1979, o el desastre ambiental del petrolero Exxon Valdez, en Alaska (Estados Unidos), el 24 de marzo de 1989, fueron provocados por personal agotado. Eso sin contar que muchas veces la catástrofe es individual: la persona se sumerge en la ineficiencia y en la infelicidad. Si la coyuntura no ayuda, quedará a un paso de una crisis depresiva.

Identificar el burnout no es algo difícil. Existen al menos tres claras señales de esta condición: una fuerte caída en la productividad (debido a la falta de energía), apatía y fácil irritabilidad. Ana María Rossi resume: “Por más que se trabaje, en esta etapa no se puede producir. Muchas veces se está presente físicamente en el empleo, pero ausente mentalmente”.

La psicóloga Heidi Hanna aconseja prestar atención a las manifestaciones del burnout. Si alguna luz roja se enciende en el panel del coche, es indicio de que algo no está funcionando derecho. O la temperatura del aceite está alta, o el vehículo está sin batería o, aún, una de las puertas está abierta. Con nuestro cuerpo ocurre lo mismo.

Epidemia de cansancio

Epidemia de cansancio

“Es importante detectar el problema lo antes posible. Si ignoramos los síntomas de alerta, podemos quedarnos sin combustible o sufrir un accidente en la carretera”, compara la especialista. Ahora imagine que hablamos de millones de personas que pasan por una situación de este tipo – ya sea en el trabajo, ya sea en la vida en general. Sí, sin duda el cansancio ya se convirtió en un problema de salud pública.

Anna Katharina y Levi Felix lograron escapar de esta epidemia de cansancio. Ella volvió a dar clases en la universidad y ya piensa en el próximo libro. Él recorrió 15 países de Asia al lado de su novia y, al volver a casa, fundó la organización no gubernamental Digital Detox, que promueve conferencias y organiza campamentos sobre la dependencia tecnológica.

En estos eventos, los visitantes son invitados a dejar las tabletas, smartphones y afines. “Busco dar a las personas la oportunidad de que se desconectan de todo y disfruten más y mejor de la vida real”, explicó Félix.

El psicólogo Cristiano Nabuco de Abreu, de la Universidad de São Paulo, afirma que, más que restringir, es preciso alertar a la población sobre el uso abusivo de la tecnología. “Reducir el tiempo de conexión puede ser un antídoto eficiente contra el cansancio. De lunes a viernes, te aconsejo poner el dispositivo en modo silencio, disminuir el acceso a los grupos en el WhatsApp y apagar el teléfono celular fuera del horario de trabajo. Ya los sábados y domingos, lo mejor es dejarlo guardado en el cajón. Debemos usar la tecnología a nuestro favor”, razona Abreu.

Tan importante como repensar el empleo de los dispositivos hi-tech es destinar en la agenda espacios para el descanso y respetar el período de vacaciones. Sí, tienes que parar para recargar la energía. Podrías contrarrestar estas prácticas con realizar actividades deportivas; o bien, comenzar a practicar la meditación.

Es lo que sugiere un estudio de la Escuela de Medicina Icahn del Hospital Monte Sinaí, en los Estados Unidos. El equipo del biólogo Eric Schadt reclutó a 94 mujeres de 30 a 60 años y pagó su viaje a un resort en California. Mientras un grupo se matriculó en un curso de meditación, el otro se quedó a gusto para disfrutar del hotel y el paisaje.

Después de seis días, las dos alas presentaron resultados positivos: reducción significativa del estrés y el fortalecimiento de la inmunidad. Diez meses después, una nueva evaluación. Esta vez, los efectos se revelaron más duraderos en las adeptas a la meditación. Conclusión: el descanso en sí ya es un bien, pero practicar meditación puede ayudarnos a mantener los resultados positivos por más tiempo.

Si el Detox Digital nació en California, el movimiento Slow Life vino de Kakegawa, en la provincia japonesa de Shizuoka. Mientras que sugiere la desconexión del mundo virtual, el otro propone un nuevo estilo de vida mucho más tranquilo, sin ningún tipo de prisas. En Japón, el movimiento ha migrado a otros países. En Italia, ganó una versión gastronómica: el Slow Food, que defiende la paz en la hora de las comidas.

Otro con la epidemia de cansancio

Otro con la epidemia de cansancio

Entusiasta de esta corriente, el neurocientífico John Fontenele Araújo, de la Universidad Federal del Río Grande del Norte, en Brasil, explica que una simple siesta por la tarde ya arroja excelentes beneficios; sin embargo, hay que respetar algunos derechos, como trabajar durante la mañana y no pasar de 20 minutos de siesta.

Otro aliado contra el cansancio nuestro de cada día es el mindfulness – “conciencia plena”, en traducción libre. Hablamos de un método cada vez más popular. En vez de hacer todo al mismo tiempo, esta técnica de meditación, creada por el investigador estadounidense Jon Kabat-Zinn en 1979, predica realizar una tarea por vez.

“El multitarea no pasa de una ilusión. Sólo podemos llegar a hacer varias cosas simultáneamente porque aprendemos a trabajar como robots. Con el mindfulness, realizamos el mismo número de actividades, en el mismo intervalo de tiempo y, lo que es mejor, con una mayor calidad”, afirma la psicóloga Danniela Sopezki, estudiante de doctorado en salud colectiva de la Universidad Federal de São Paulo. Claro que en el ir y venir a toda velocidad de las grandes ciudades no es un reto de los más fáciles para deshacerse de ese estilo de vida, pero vale la pena repensar el modo de ver y hacer las cosas; por el bien de su salud y de la civilización.

Glosario de la falta de energía – Epidemia de cansancio

Cansancio

Estado de malestar, generalmente transitorio, provocado por el esfuerzo físico o mental. Desaparece después de una buena noche de sueño.

Fatiga

Sensación de cansancio persistente, que también puede indicar una enfermedad, como anemia, depresión o hipotiroidismo. En caso de duda, consulte a un médico.

Burnout

El síndrome del agotamiento profesional provoca estrés crónico y afecta seriamente la productividad. Alcanza cerca del 20% de la población mundial.

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