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Empieza la ciberguerra

Desde la aparición de nuevas tecnologías en nuestra vida cotidiana, incluida la tecnología de la información y sus derivados, la piratería se ha convertido en algo común. Este término abarca tanto a los piratas informáticos más brillantes como a los criminales (ambos conceptos van más unidos de lo que muchos quieren hacernos creer) que utilizan su ingenio para robar datos personales en Internet, incluyendo números de tarjetas de crédito. En una estratégica más amplia, las intrusiones informáticas son cada vez más comunes, lo que representa un riesgo importante ya que los ataques contra determinados objetivos, a veces inquietante, afectan a la sostenibilidad y seguridad de páginas web oficiales, tanto civiles como militares.

Algunos tenemos todavía en la cabeza la derrota informática de Estonia en 2007, que nos hizo tomar conciencia a algunos, de que a nivel mundial existen vulnerabilidades en los sistemas informáticos y sistemas de seguridad y protección en intereses vitales. Un ataque cibernético del que en primera instancia se acusó a Rusia, algo que nunca nadie pudo probar. Más cerca de casa sería difícil enumerar el número total de ataques sufridos por diversos sitios sensibles, principalmente estadounidenses, relacionados con la defensa nacional. Detrás de todos estos ataques suelen estar los hackers chinos, y detrás de ellos, probablemente el gobierno central chino, del que se sospecha pero, de nuevo, imposible de probar.

Porque, y esta es la característica esencial de este tipo de agresión, es difícil identificar al iniciador de un ciberataque. Esta regla de guardar el anonimato, ha sido válida hasta unos pocos días, y sin embargo, ha sido muy cómodo para ambas partes, que sólo tenían que explicar las consecuencias de los ataques cuando eran significativos. El New York Times, de hecho, reveló, hace sólo unos pocos días, sin que la Casa Blanca lo desmintiera, que los EE.UU. habían lanzado ataques cibernéticos contra Irán. Los servicios de inteligencia de Israel y Estados Unidos trabajaron juntos para diseñar un malware industrial. ¿El objetivo? Frenar el programa nuclear de Irán dejando inoperativo el sistema informático a través de un gusano informático introducido discretamente en sus sistemas. Podemos llamarlo ciber-espionaje, cibery-sabotaje, ciber-guerra… O porqué no, un virus de estado.

ciberguerra

Parece que Obama hubiera apretado definitivamente el botón de la ciberguerra.

En su desarrollo están implicados los servicios de inteligencia de los dos países: la National Security Agency y la CIA de Estados Unidos junto a los servicios secretos militares de Istael. Esta es la conclusión de una investigación periodística llevada a cabo por el Washington Post a partir de declaraciones anónimas de ex funcionarios de Estados Unidos. El gusano cuyo nombre en código es “Juegos Olímpicos” ha necesitado de cinco años de desarrollo, pero parece haber tenido éxito. Han destruido más de mil centrifugadoras, poniendo de los nervios a Natanz, pero también sembrando dudas entre los ingenieros y los líderes iraníes que no entendían las razones de los fallos observados, con este ataque Estados Unidos ha ganado dos años de tiempo. A la vez ha logrado disuadir a Israel de lanzar un ataque militar contra Irán, con consecuencias inciertas sobre el equilibrio estratégico de la región. Sin embargo, el interés de este artículo no está en analizar este hecho sino en pensar las consecuencias de lo que supone para Estados Unidos admitir estos ataques.

Según algunos editores de soluciones de seguridad informática como Kaspersky existe una conexión entre el desarrollo de Flame y de Stuxnet, otro malware industrial con el que se atacó a Irán hace relativamente poco tiempo.

Al reconocer estos ataques cibernéticos, ¿Estados Unidos está afirmando que ha entrado en guerra con Irán? Estos ataques informáticos, ¿deberían reconocerse como “actos de guerra”? Por lógica debería ser el caso, ya que afectan directamente a la soberanía de un Estado, es decir, Irán, y son contrarios a las leyes internacionales. El malestar es palpable hoy en Washington, ya que si hay guerra, Irán tendría razones legítimas para reaccionar de forma natural y protegerse. Además, la confirmación de la organización de los ataques cibernéticos por parte del ejecutivo de EE.UU., al más alto nivel, allana el camino para cualquiera de los escenarios posibles.

No estamos hablando de que se inicie una guerra convencional, en la ciberguerra uno no recurre a la bomba atómica, ni a los ataques militares para derrotar al enemigo, se movilizan todos los recursos humanos y conocimientos de informática de un país para atacar a otro sin disparar un tiro, y lo ideal es que sea por por sorpresa, sembrando el caos en el enemigo con la interrupción total de su infraestructura crítica (sistemas de agua, tuberías, plantas químicas, centrales nucleares, apagón eléctrico, interrupción de las redes de telecomunicaciones, etc.). Una guerra por fin al alcance de todos, ya que, para ganar, no se necesitan grandes batallones.

Fuente

La cyberguerre est déclarée por Pascal Lorot en Le nouvel Economiste

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