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El siglo XVIII: Los Borbones

En enero de 1701 Felipe de Anjou, con el nombre de Felipe V, llega a España muy influenciado por su abuelo Luis XIV, quien le apoyó en su política reformista. Desde un primer momento, Castilla le acepta a pesar de que algunos nobles veían con ciertas reservas las innovaciones fiscales realizadas por el ministro francés Orry. Sin embargo, el problema será mucho más grave en los reinos de la corona de Aragón, que temen que el centralismo borbónico suprima sus instituciones autonómicas, por lo que los intentos separatistas del siglo anterior vuelven a revivir.

siglo xviii

La guerra de sucesión española

Sin embargo, el verdadero peligro para el candidato francés vendrá del exterior, ya que España, a los ojos de Europa, sigue siendo una potencia importante con posesiones en Flandes, el Milanesado y el sur de Italia. Por ello, y ante la influencia de Francia, Holanda e Inglaterra, potencias marítimas que desean un equilibrio continental, y Austria que pretende conservar su autoridad dinástica, se unen en la Gran Alianza a la que se sumarían Saboya, Portugal y el imperio alemán, para poner a Carlos de Austria en el trono español, declarando la guerra a Francia y a España.

En 1704 Carlos llega a Barcelona y la convierte en su capital.

A partir de 1707, tras la batalla de Almansa, la guerra es favorable a Felipe V, decidiéndose totalmente en Brihuega y Villaviciosa. Pero en 1711 fallece el emperador alemán José y le sucede su hermano, el archiduque Carlos. Esto cambia las perspectivas europeas, pues la unión de Austria y España supondría la restauración del imperio de Carlos V. De ahí que Europa vuelva la espalda a Austria y apoye a Felipe V, siempre que éste renunciara a sus derechos sobre el trono de Francia.

Así se llega al Tratado de Utrecht en 1713, ratificado en Rastadt en 1714 y que concluirán en 1715 con los Tratados de la Barrera. Son complejos procesos diplomáticos cuyo origen se remonta a 1705 tras la derrota sufrida por Luis XIV y que continuará en 1711 con los Preliminares de Londres, donde se perfila la filosofía de Utrecht.

Según este tratado, todos los territorios españoles, excepto Sicilia que pasará a Saboya, pertenecerán a Austria, que también recibirá los Países Bajos del sur de Flandes. Holanda consigue una serie de plazas defensivas para defenderse de Francia, pero pierde su hegemonía marítima y mercantil en favor de Gran Bretaña que será la ganadora de Utrecht al conseguir un imperio comercial que abarcará a los cinco continentes y además Gibraltar y Menorca, con las que dominará el Mediterráneo y las rutas de Oriente. Obtiene de España la exclusividad del comercio de esclavos o navío permiso, y de Francia algunas posiciones en América del Norte: Terranova y Nueva Escocia.

Con todo ello, entre 1713 y 1714 el gran imperio de los Habsburgo queda disuelto y dos siglos de imperialismo liquidados. Los territorios españoles se reducen a los reinos de Castilla, Aragón y las colonias castellanas de América, lo que supone un nuevo ordenamiento europeo.

Política interior de Felipe V

Su reinado, que abarca desde 1700 a 1746, supone el desmantelamiento del sistema de gobierno austríaco. El poder estará, en un principio, en manos de ministros franceses, como Orry que llevó a cabo una reorganización del Estado en la que se estableció el centralismo gubernativo y las autonomías provinciales fuerón barridas. Aragón, Valencia y la región catalana fueron despoeídas de sus fueros, privilegios e incluso de sus instituciones.

Administración del Estado

El rey, en este nuevo régimen, gobierna como jefe absoluto dejando a las Cortes un irrelevante papel. Entre 1707, fecha del primer decreto de Nueva Planta contra los fueros valencianos, y 1716, fecha del cuarto y último decreto contra los fueros catalanes, las leyes castellanas se extienden a toda la península excepto a Vascongadas y Navarra que conservarón sus privilegios en recompensa a su fidelidad al candidato francés durante la guerra de sucesión.

En este régimen desaparecen los órganos administrativos adicionales, como los Consejos, siendo sustituidos por otros nuevos centralizados, las Secretarías de Estado, claro precendente de los actuales ministerios. Estas secretarías quedarían fijadas en cinco en tiempos de Carlos III: Estado, Guerra, Gracia y Justicia, Marina e Indias y Hacienda.

A partir de 1787 se creó la Junta de Estado o Consejo de ministros y un cargo de primer ministro o ministro de Estado. Las provincias están administradas por una nueva figura, el intendente. cargo que será suprimido por su ineficacia en 1724. Los municipios pierden casi toda su actividad, debido al centralismo y al intervencionismo del gobierno. Todo este sistema administrativo será el instrumento del reformismo borbónico.

Política exterior de Felipe V

Durante el siglo XVIII el punto de interés europeo se desplaza de España a América, como suministradora de materias primas y mercado del comercio europeo. Esta rivalidad comercial y colonial da origen a las guerras del siglo XVIII. El objetivo de Felipe V es alterar los acuerdos de Utrecht para recuperar Gibraltar, Menorca y los territorios italianos, así como también recuperar sus derechos sobre el trono francés.

El ministro Alberoni plantea la conquista de Cerdeña, Sicilia y Nápoles, pero deberá renunciar a sus pretensiones ante la presión de la Cuádruple Alianza (Inglaterra, Holanda, Francia y el imperio alemán) que le obliga a firmar el Tratado de Madrid. Así comienza la política de los Pactos de Familia.
- 1733: En torno a los intereses franceses en la guerra de sucesión de Polonia.
- 1743: En torno a los derechos sucesorios de María Teresa de Austria, hija de Felipe IV, y el reconocimiento del futuro Carlos III como rey de Nápoles y Sicilia.

Fernando VI

El breve reinado del nuevo monarca, que concluirá en 1759, abrirá una etapa pacifista a pesar de las intrigas y presiones de Francia e Inglaterra. La figura clave de este reinado será el marqués de la Ensenada, discípulo de Patiño, ministro de Felipe V. Su mayor éxito fue la reorganización de la Armada y la Hacienda, ya que tenía una amplia visión del comercio y el monopolio americano.

A él se debe el famoso Catrasto, base de la recaudación de Hacienda. Su programa naval y su orientación francófila provocarán los recelos de Inglaterra, oponiéndose, por su tendencia anglófila a otro gran personaje, don José de Carvajal y Lancaster, que fue el equilibrador del gobierno. Sin embargo, debido a la colonia de Sacramento, actual Uruguay, comienza una etapa difícil con Portugal, pero se llega a un acuerdo en 1750 con José de Portugal en el Tratado de Madrid, canjeando esta colonia por Paraguay.

En 1756 estalla la guerra de los siete años entre Francia e Inglaterra, manteniéndose España neutral hasta 1761, fecha en que Carlos III se ve obligado a intervenir.

Política atlántica de Carlos III

Carlos III ha sido considerado como el mejor monarca del siglo XVIII, ya que supo rodearse de un equipo de colaboradores sensibles a la realidad española del momento, además de poseer exriencia como rey de las dos Sicilias.

En política exterior, sus objetivos se centran en el Atlántico, diéndose hablar ahora del concepto de política colonial de Ensenada. Los deseos pacifistas del rey y la ocupación inglesa de Quebec en 1759 y de Montreal en 1760 hace que Carlos se ofrezca como mediador en el conflicto, pero Inglaterra lo rechaza y ocupa La Habana y Manila.

Ante esta agresión del imperialismo británico, España busca la alianza con Francia en el tercer Pacto de Familia en 1761, distinto de los anteriores por sus objetivos y consecuencias: arrastra a España a una guerra para la que no estaba preparada, aliándose de entrada con el perdedor.

En 1776 tienen lugar dos hechos decisivos para la política Española:
- La declaración de independencia de las trece colonias Americanas en la Convención de Filadelfia.
- La llegada a la secretaría de Estado del conde de Floridablanca, personaje clave en el siglo XVIII.

En 1788 muere Carlos III y ocupa el trono Carlos IV, reinado intervenido por la Revolución francesa.

Política interior de Carlos III

Es la gran época del reformismo y del despotismo ilustrado en España. A este monarca se deben la mayoría de las reformas políticas e institucionales. En su política son destacables los siguientes aspectos:
- Centralización político-administrativa y racionalización de la Hacienda.
- Educación racionalista.
- Afirmación del poder del Estado frente a la Iglesia.
- Apertura ideológica hacia Europa, tanto política como cultural y científicamente.

Se rodeó de importantes hombres de gobierno: conde de Aranda, conde de Floridablanca y Campomanes, a quienes se debe la política reformista del siglo XVIII.

Crisis de 1766 o motín de Esquilache

La primera etapa de gobierno de Carlos III está dirigida por ministros italianos, Esquilache y Grimaldi, que serán suplantados por españoles tras el motín. Tradicionalmente se ha presentado como la reacción popular a la prohibición del uso de las capas largas y sombreros, pero las causas se relacionan con las malas cosechas de estos años. El motín dejó al descubierto los problemas de la agricultura y motivó la Ley de Reforma Agraria que nunca se aplicó.

Sociedades de Amigos del País

Constituyen uno de los canales más importantes en la recepción y difusión de los planteamientos ideológicos de la Ilustración en España. Su interés se dirige fundamentalmente hacia las cien cias de la naturaleza con criterios semejantes a los de los enciclopedistas franceses. Pretendían borrar de la Administración usos y costumbres casi medievales a través de los estudios impartidos por ellas.

En 1765 se crea en Azcoitia la Sociedad Vascongada y en 75, la Sociedad matritense de Amigos del País, a través de la cual se pretende una centralización administrativa.

El gobierno ve en estas asociaciones un medio de centralización y fomento industrial y económico. Pero las divisiones surgidas en su seno y los recelos de sectores conservadores de la sociedad, como la Iglesia, provocan su desaparición.

Iglesia y Estado

El reformismo iniciado con Felipe V y que culminará con Carlos III se hace patente en las relaciones Iglesia-Estado. El regalismo borbónico se opone a la intervención eclesiástica de un poder extranacional, tal como es considerada la curia romana. Sin embargo, la monarquía no pretende una ruptura, sino una subordinación racional de la Iglesia.

El rey no admite restricciones de poder ni asociaciones que signifiquen un estado dentro del Estado y, desde este punto de vista actúa el regalismo. Según este concepto, la Iglesia debe constituirse como un instrumento del gobierno, aunque no se ponen duda el dogma.

En esta pugna se distinguen tres fases:
- El concordato de 1753, en el que el gobierno adquiere el Real Patronato Universal de la Iglesia.
- El reinado de Carlos III que supone la consolidación del poder real sobre el poder eclesiástico.
- El reinado de Carlos IV, en el que se esbozaron los perfiles de una Iglesia nacional.

Carlos IV y Godoy

siglo xviiiEl gobierno de Carlos IV estuvo en manos de su ministro Godoy, quien llevó a cabo toda la política exterior y toda una serie de reformas que se vieron interrumpidas por la invasión napoleónica en 1808.

Nada más ser proclamado rey Carlos IV en 1789, se convocan Cortes para la abolición de la Ley Sálica, implantada por Felipe V, que prohibía a las mujeres el acceso al trono. La abolición haría posible la unión con Portugal, en caso de que Felipe IV no tuviera descendencia masculina. Pero la abolición de esta ley no se publicó, lo que provocó los problemas sucesorios del siglo XIX a la muerte de Fernando VII.

A raíz de la Revolución francesa, Floridablanca prohíbe la ideología francesa en España, así como también publica una serie de medidas tendentes a evitar su propagación, lo que supone la caida del ministro, maniobra política de Godoy para acceder al gobierno.

La caída de la monarquía francesa convierte a España en su enemiga por un principio de solidaridad borbónica, por lo que se alía a Europa, partidaria de la legitimación de la monarquía, que durará de 1793 a 1795. Como consecuencia de ello España se verá arrastrada a la guerra contra Inglaterra en 1797, cuyo saldo será desastroso para España, ya que perderá su poderío naval en la famosa batalla de Trafalgar en 1805.

La descomposición de la monarquía llega a su último grado el proceso de El Escorial en donde se descubrió un complot de Fernando VII para destronar a su padre.

En el Tratado de Fontainebleau, en 1807, Napoleón exigió el paso por España de las tropas francesas para la conquista de Portugal, con el propósito oculto de destronar a los Borbones de España. Mientras, el motín de Aranjuez provoca la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando.

Sociedad

A comienzos del siglo XVIII la población española había descendido a 6.500.000 de habitantes. A medida que avanza el siglo se alcanzan los 12.000.000 de habitantes, siendo las zonas más pobladas las del norte y este peninsulares. Es notable el crecimiento urbanístico periférico en ciudades costeras como Cádiz, Málaga, Barcelona, Santander, Cartagena, etc.

El antiguo espíritu de la aristocracia del régimen anterior se transforma, por influencia francesa, en filantropía y favorecimiento la cultura y la ciencia. La burguesía estará formada por gentes de la clase media, funcionarios, militares, comerciantes, etc., y aspira a formar parte de la nobleza, por lo que la venta de títulos nobiliarios será una práctica corriente en esta época y además supondrá una importante fuente de ingresos a la corona.

El clero continuó siendo un medio de ascenso social y cultural. Al ser dueños de inmensas riquezas y privilegios, la corona intenta una tímida desamortización, que no cuajará, aunque se reduce el número de clérigos a la mitad.

Economía

Debido a los graves problemas de la agricultura, los Borbones presentan especial atención a este sector, en función de las teorías fisiocráticas. La monarquía impulsa la industria a través de la creación de fábricas: seda en Talavera de la Reina, tapices en Madrid, etc. Se produce una revolución industrial que se hace más evidente en la periferia que en el interior.

A partir de 1760 Carlos III libera el comercio colonial del monopolio andaluz, extendiéndolo a varios puertos españoles y extranjeros. Se suprimen las aduanas interiores y aparecen las grandes empresas comerciales españolas.

En tiempos de Carlos III, Floridablanca encargó a Cabarrús la fundación del Banco de San Carlos.

La Ilustración en España

El movimiento ilustrado se había iniciado a finales del siglo XVII con los innovadores, que realizaron sus investigaciones al margen de las instituciones y formaron la primera institución pre-ilustrada: el marqués de Villena, el de Mondéjar, etc. Estos grupos chocaron con la España tradicionalista, monárquica y religiosa.

Con Felipe V nace la Real Academia Española, a la que siguen la de Medicina, Historia y Bellas Artes.

La ciencia avanza con personajes como Ulloa y J. Juan, que miden el cuadrante del meridiano terrestre. C. Mutis funda el observatorio de Madrid y la medicina conoce su apogeo mayor.

Entre los personajes que aúnan tradición religiosa con Ilustración destacan Feijoó, el padre Flórez, apareciendo después reformistas más puros, como Campomanes y Jovellanos.

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