El Renacimiento

El término Renacimiento da nombre a un período de resurgimiento de las artes y las letras clásicas después de ocho siglos de oscurantismo medieval. Es empleado por primera vez por Vasari en un sentido estrictamente artístico. A mediados del siglo XVII, Pedro Bayle lo utiliza referido a las letras, destacando tres de sus características esenciales: el humanismo, el erasmismo y el individualismo.

Durante todo el siglo XVIII la Edad Media fue tachada de época oscura y tenebrosa, teñida de fuerte irracionalidad. En el siglo XIX, Michelet señala el Renacimiento como una revalorización del saber antiguo, subrayando la racionalización, el antropocentrismo, frente al teocentrismo medieval.

Burckhardt añade a esto el desarrollo del estado moderno y el individualismo. Pero el Renacimiento representa, además, una época de intensa actividad cultural y científica, social y económica que abre Europa occidental a los umbrales de la modernidad. Ese período abarca desde finales del siglo XV a mediados del siglo XVI, aunque ya está precedido por una fase, generadora del nuevo espíritu, denominada Cuatrocento o Prerrenacimiento, que se extiende a lo largo del siglo XV.

esquema edad moderna

Cuatrocento

Italia jugó un papel decisivo en la configuración de las características del Renacimiento, basado en el hombre -el individualismo- y el naturalismo. El Renacimiento surge de la evolución de la cultura urbana de la Baja Edad Media, que tras una etapa corporativista y religiosa da paso a un cierto individualismo, acompañado de un inci piente capitalismo que originará la gran burguesía moderna, protectora de los artistas.

La razón de ser Italia la cuna de este período se halla, probablemente, en su contacto con las ruinas clásicas y en la fuerza creadora de los señoríos del siglo XV, que justifican su ascensión política y económica, protegiendo la cultura. El siglo XV es una época de regresión económica y demográfica debido a la expansión de la peste negra. A finales de siglo resurgen los Países Bajos y Alemania debido al descubrimiento de minas de metales preciosos, lo que repercutió en toda la cuenca del Mediterráneo.

El estancamiento económico provoca el hundimiento de las oligarquías dirigentes, ya que el pueblo las culpa del desastre económico, y pasan a apoyar a tiranos y príncipes. De estas di sensiones sociales surgió el prototipo de hombre renacentista, emprendedor y burgués como, por ejemplo, los Fugger y los Augsburgo, en Alemania, o Jacques Coeur, en Francia.

La depresión del siglo XV provocó un malestar europeo general, como lo demuestran las jacqueries francesas o las tyleristas inglesas. Esta situación desemboca en un retorno al feudalismo y la creación de una segunda servidumbre de la gleba, triunfando sobre la débil monarquía. El campo europeo queda dividido en dos zonas: el oeste, que consigue la libertad personal, y el este, en donde el campesino queda adscrito a la tierra. La nobleza mantiene sus posesiones y los grandes propietarios aumentan sus riquezas.

Edad Moderna

Del clima de crisis e inestabilidad económica y social sale beneficiada la monarquía occidental, que logra imponerse a la nobleza y al corporativismo, transformándose en autoritaria, y aun que limitada por los privilegios, los fueros y las costumbres, reduce las prerrogativas de las clases más altas y de las instituciones medievales, como las Cortes, portadoras de los estamentos privilegiados. Los reyes prescinden de ellas y se apoyan en la nueva burguesía, procedente de las clases medias urbanas.

Esta evolución política hacia el autoritarismo se hace patente en Italia, donde los príncipes y tiranos cuatrocentistas -como los Sforza, en Milán, o los Médicis, en Florencia- constituyen la imagen del nuevo político: práctico, autoritario y realista.

El estado autoritario se basa en la formación de un ejército permanente para su defensa y en el desarrollo de una perfeccionada burocracia para su organización.

La religión

Al mismo tiempo, la ya citada inestabilidad en los terrenos materiales produce una sensibilización y agudización del sentimiento religioso, opuesta a la corriente cultural humanista del siglo XV, tendente a la secularización.

Durante el Cuatrocento se despliegan todas las corrientes religiosas del siglo XIV. Esta religiosidad se rige por el misticismo, que florece en Alemania, de donde irradia a toda Europa. Pretende una espiritualidad intimista que queda plasmada en la obra de Tomás Kempis: Imitación de Cristo.

El apocalipticismo, que se propaga, sobre todo, en los países mediterráneos, da una imagen exaltada y visionaria de la religión, propugnando el arrepentimiento. Este aspecto religioso, represen tado por San Vicente Ferrer o San Bernardino de Siena, enfrenta al pueblo con las jerarquías eclesiásticas, lo que dará lugar, en ciertos casos, a herejías como la de los Hussitas en Bohemia, y, sobre todo, la pugna italiana sostenida por Girolamo Savonarola y el papa Alejandro VI, pugna que sacudió Florencia.

Erasmo de Rotterdam representa la tendencia humanista de un cristianismo intelectualizado, lejos del apasionamiento luterano y del dogmatismo católico, creyendo en una unión de ambas ten dencias. La corriente que representa ha sido denominada erasmismo.

El Humanismo

Paralelamente, y en contraposición a este fervor religioso, se desarrolla en el siglo XV una corriente cultural denominada Humanismo. Arranca de las transformaciones sociales del siglo XIII, cuando en Europa comienza a prevalecer el interés por la filosofía clásica, hallándose ligado a la cultura mercantilista y capitalista.

Se caracteriza esta corriente cultural por hacer del hombre su punto de referencia; surge un poderoso individualismo idealizante de lo humano, frente al teocentrismo medieval, que ansía la perfección como meta. Sin embargo, tiene ciertos elementos contradictorios, ya que posee rasgos conservadores con suficientes elementos cristianos como para no poder hablar de descristianización cultural, al tiem po que se renuncia al ideal ascético y se proclama el goce existencial.

El Humanismo venera el mundo clásico y se considera portador de un nuevo espíritu. Contribuye a su difusión la invención de la imprenta -debido al apoyo de alemanes y holandeses y creada por J. Guttenberg en 1455- con la impresión de la Biblia Nazarina. Se difunde el gusto por la forma y la estética y se hacen numerosos adelantos técnicos. El arte corporativista queda superado en Italia ante el encargo de obras por burgueses y príncipes, con lo que surge la secularización y el individualismo, que dará paso al retrato.

El Humanismo italiano tiene una fase de inspiración romana y otra helénica, y en ambas fue decisiva la aparición de la imprenta y de las Academias: la de Nápoles constituyó el primer círculo humanista y en ella destacaron personalidades como Lorenzo Valla, Petrarca, etc. La Academia florentina fue creada por los Médicis, y la integraron Marsilio Ficino, Pico della Mirandola, etc., quienes hicieron de ella un centro de estudios platónicos. En la Academia romana destaca Pomponio Leto; en la veneciana, Aldus, y en la de Padua, Pomponazzi. En Francia la Universidad de París fue centro de estudios escolásticos. Su figura principal es Lefevre d’Etaples. En Inglaterra, los centros de Oxford y Cambridge, sobresaliendo Collet y Tomás Moro. En los Países Bajos, Tomás Kempis, y en España, Valdés, Garcilaso, Nebrija o Luis Vives.

Plenitud renacentista

A finales del siglo XV, hacia 1490, el Renacimiento alcanza su plenitud. Es una corriente artística, literaria, filosófica y científica donde el hombre, independientemente del terreno religioso, se convierte en centro del mundo.

La obra artística del Cuatrocento coincide en Roma con los pontificados de Alejandro VI, Julio II y León X, quienes convocaron a artistas de otras cortes, llegándose a la plenitud del clasicismo -pureza y grandiosidad de formas y líneascon Bramante, Miguel Angel y Rafael. El paganismo que se vivía en Roma dio lugar a la Reforma luterana y a su saqueo en 1527.

En Florencia aparece la gran figura renacentista, y hombre polifacético, Leonardo da Vinci. Venecia sustituye a la deshecha Roma, destacando Giovanni Bellini y Giorgione, y a mediados del siglo XVI, Tiziano y Palladio. En Nápoles la novela está representada por Sannazaro, y la poesía por Ludovico Ariosto en Ferrara.

La ciencia continúa su avance debido al esfuerzo de Regiomontano, Agrippa, Paracelso, Miguel Servet, Nicolás Copérnico, que establece el Sol como centro del sistema planetario…

En los Países Bajos sobresalen Durero, Holbein y Cranach, y en Alemania, Patinir, Bosch, Mabuse y Van Kleve.

El siglo XVI

La difusión del Renacimiento es posible debido a un gran enriquecimiento europeo. Al empuje alemán se unen ahora los nuevos descubrimientos geográficos, que con la afluencia del metal americano a partir de 1530 llegarán a producir una revolución de precios y la primera inflación. Esta expansión económica duraría hasta 1610. Los capitalistas alemanes y genoveses colonizan el mercado y el comercio hasta mediados del siglo XVI, momento en que son sustituidos por los flamencos de Amberes.

La agricultura, que había conocido una leve mejoría a mediados del siglo XVI, no logra recuperarse, y el predominio cerealístico pasan a detentarlo Polonia y Rusia.

La industria, sobre todo en artículos de lujo, textiles y en la imprenta, se halla dominada por Holanda, Francia, Flandes e Inglaterra a fines del siglo XVI. Aparece el empresario, y quiebra el corporativismo. El alza de precios rompe el poder de la nobleza y trae la miseria al campesinado y al artesanado. Los nobles arruinados constituirán la base del protestantismo: los caballeros alemanes, los hobereaux franceses, la gentry inglesa, que darán lugar a la formación de la Liga de Smalkalda, a los hugonotes.

Renacimiento

Monarquía absoluta

El siglo XVI es testigo de la consolidación de la monarquía absoluta occidental, que aunque no es nacional, sí logra unificar los distintos estados: Inglaterra, Francia y España.

El paso del autoritarismo al absolutismo tiene lugar en la segunda mitad del siglo XVI, y coincide con la revolución de los precios, los movimientos sociales y religiosos, de los que el rey sale robustecido. A ello contribuye la difusión de las doctrinas de Maquiavelo, resumidas en El Príncipe, tratado de política realista por el que el tirano prescinde de toda norma moral y antepone el bien del Estado a cualquier otra razón. Este gobierno seguirá su curso en el siglo XVII, a pesar de la oposición de los pactistas que pretendían un pacto entre el rey y los súbditos. Sus voces serían acalladas definitivamente por Bodin en 1576, quien define la monarquía absoluta como la mejor forma de gobierno.

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