El imperio romano de Oriente

La deposición del último rey de Roma por Odoacro, en el 476, y la invasión de los bárbaros, pone fin al gran imperio occidental romano. Sólo queda la parte de Oriente, con capital en Constantinopla, que fue fundada, sobre la antigua Bizancio, por el emperador Constantino, en el año 330.

Fundación y expansión del Imperio bizantino (el imperio romano de Oriente)

El emperador Teodosio reparte el imperio entre sus dos hijos: Honorio y Arcadio. Tras la desaparición de la parte occidental, Oriente va perdiendo su carácter romano, y toma una personalidad más helénica y oriental. La Iglesia va a constituir un importante factor de poder, aunque las herejías y controversias religiosas acerca de la naturaleza divina debilitan el imperio hasta la convocatoria de los concilios de Éfeso y Calcedonia.

El emperador oriental de más relieve es Justiniano, que reinará desde el 527 al 565. Habiéndose formado políticamente durante el mandato de su antecesor, Justino, lleva a cabo una reorganización interior y una expansión exterior. Firmada la paz con Persia en el 532, pudo emplear todas sus fuerzas en afianzar su dominio en el Mediterráneo. Ocupó el norte de Africa, territorio de los vándalos, y anexionó Córcega, Cerdeña y Baleares, en el 534. Poco después intervino en Italia, y sus generales Belisario y Narsés arrebatarían Italia y Sicilia a los ostrogodos.

arte bizancio

La rebelión de Atanagildo contra su rey Agila, y la petición de ayuda contra éste, da pie a Justiniano para entrar en el reino visigodo y anexionar a su imperio el sur de España y Ceuta. Con ello, restablecía la antigua unidad imperial y el dominio bizantino del Mediterráneo.

En la reorganización interna, llevó a cabo una reforma administrativa y, por su deseo, el jurisconsulto Triboniano codificó el Derecho Romano, redactando el Corpus Iuris Civilis, base de todo el derecho medieval.

Decadencia del Imperio Romano de Oriente

En la última etapa del reinado de Justiniano comienza una leve decadencia, debido, sobre todo, al endeudamiento estatal. Sus sucesores, pierden el control de Italia, que fue ocupada por los lombardos. El persa Cosroes II, aliado a los ávaros, consigue arrebatarles Mesopotamia, Siria y Asia Menor, llegando a las puertas de Constantinopla. Por ello, los militares, dan el poder a Heraclio, que vence a los ávaros en Europa y a los persas en Asia, obligándoles a devolver los territorios conquistados, tras la batalla de Ctesifonte, en el 628. Para fortalecer la autoridad imperial, se establecen dos exarcados, en Rávena y Cartago. Mientras tanto, los árabes, acaudillados por Mahoma, comienzan su expansión y les arrebatan Siria y Egipto. León III, fundador de la dinastía Isáurica, logra salvar Constantinopla en el 718, y desviar a los árabes al oeste, en el 740, tras la batalla de Akroinón.

Bajo el mandato de León III y de su hijo Constantino V, tiene lugar la Guerra de las imágenes entre los defensores de éstas, los iconódulos, y sus detractores, los iconoclastas. Estalla por la influencia de sectas orientales iconoclastas, como el Judaísmo y el Islam. En el 726, León III prohíbe el culto a las imágenes, salvo la de Cristo, a lo que se oponen los iconódulos, apoyados por el papa Gregorio III.

En el 730, se decreta la pena de muerte para los iconoclastas. En el 802, acaba la dinastía Isáurica. Desde León V, se inicia la dinastía Frigia, y con ella, el período de más orientalización de Bizancio y su separación de Occidente. En su reinado tuvo lugar el Cisma de Focio, que aumentó dicha separación. En el 867, se instala en el poder la dinastía de Macedonia, que abarca hasta el 1057, y dará a Bizancio la época de máximo esplendor. Basilio II, fue el más representativo de esta dinastía, que vence a los búlgaros y pone al Imperio en relación con Rusia y con el Imperio germánico. En 1054, Miguel Cerulario, proclama el Cisma de Oriente, independizando la Iglesia ortodoxa griega de la obediencia a Roma.

basílica de santa sofía Constaninopla

En esta época la basílica se convierte en el símbolo político teocrático del poder imperial. (Santa Sofía, Constantinopla.)

Cultura bizantina

Siguiendo la tradición oriental, Bizancio tiene una gran vida urbana, comercial e industrial. Las ciudades bizantinas son las únicas de su tiempo, y el ejemplo más representativo es la capital, Constantinopla, con más de 600.000 habitantes, Alejandría y Antioquía. Frente a la Europa agrícola y ganadera, su economía se basa en la industria y el comercio. Constantinopla era el centro de rutas comerciales que iban hasta el Báltico, Siria, el mar Rojo, la India y China. La moneda oficial era el besante.

El emperador, era autócrata; gobernaba arbitrariamente y poseía todos los poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. Era jefe del ejército, Hacienda y de la Iglesia ortodoxa. Desde que Heraclio, dio una mayor helenización a Bizancio, el emperador fue llamado Basileus, poniendo cierto límite a su autoridad.

Artísticamente funden elementos clásicos con los orientales. De la época de Justiniano, son las iglesias de Santa Sofía de Constantinopla, San Apolinar il nuovo, San Apolinar in classe y San Vital, en Rávena, decoradas con mosaicos del emperador Justiniano y su esposa Teodora. También hallamos una clara inspiración bizantina en San Marcos de Venecia,. del siglo XI

El arte bizantino se extendió a Rusia y los países eslavos, influyendo, de manera decisiva, en el arte musulmán.

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