Ecología y medio ambiente

La ecología es la ciencia que se ocupa de las relaciones de los seres vivos entre sí y con el medio ambiente que les rodea.

La mejor forma de estudiar los distintos aspectos de la vida es estableciendo niveles de organización, que enunciados de menor a mayor complejidad serían los siguientes: células, tejidos, órganos, sistemas, organismos, poblaciones y comunidades, ecosistemas y biosfera. La ecología se ocupa únicamente del estudio de los cuatro últimos niveles, que se podrían definir:
- Población: conjunto de organismos de la misma especie.
- Comunidad: conjunto de poblaciones que se desarrollan en la misma área geográfica. También denominada biocenosis.
- Ecosistema: agrupa la comunidad y el medio ambiente inerte que le rodea.
- Biosfera: incluye a todos los organismos vivos de la Tierra y al medio físico (suelo, agua o aire) con el que interactúan.

planeta Tierra

El medio ambiente

Se considera medio ambiente al conjunto de factores o condiciones externas que directa o indirectamente influyen en la vida y desarrollo de un individuo. Estos factores pueden ser bióticos u orgánicos y abióticos o anorgánicos (climáticos y edáficos). Hay que tener siempre en cuenta que todos ellos se encuentran interrelacionados y, por tanto, cuando varía uno también se producen modificaciones en otro u otros.

Para que un organismo se desarrolle y multiplique en un determinado medio necesita disponer de una serie de materias esenciales que se conocen como mínimos y, además, cada especie presenta unos valores óptimos de estos materiales que, por supuesto, se encuentran sujetos a un intervalo o amplitud de tolerancia. Al factor ambiental que se acerca o supera los límites de tolerancia del organismo se le denomina factor limitante.

Principales factores limitantes

Temperatura
Todos los organismos presentan una temperatura óptima de desarrollo, que por lo general varía entre 5 y 30 grados centígrados, y unas temperaturas extremas máximas y mínimas a partir de las cuales es imposible sobrevivir.

Para adaptarse a las variaciones de temperatura, los seres vivos han desarrollado diferentes sistemas. Así, algunos vegetales pierden la parte aérea y sobreviven sólo con los órganos sub terráneos (bulbo o rizoma); otro ejemplo es el de los animales que pasan las estaciones desfavorables en estado de hibernación o estivación.

Luz
La importancia de este factor reside en que es la principal fuente de energía, sin la cual la vida no podría existir; pero, al mismo tiempo, su incidencia directa sobre las células provoca la muerte. Por consiguiente, la biosfera ha tenido que evolucionar de forma que sólo lleguen hasta la Tierra los componentes útiles de la luz y que se atenúen o eliminen los perjudiciales.

Así, cada organismo ha adoptado diferentes sistemas para captar el nivel óptimo de radiación solar: los peces tienen el dorso más pigmentado que el vientre, ya que sobre esa zona incide mayor cantidad de luz; la piel del hombre se vuelve más oscura cuanto más se expone al sol, pues así protege mejor los tejidos subyacentes; los vegetales tienden a crecer hacia las zonas de mayor intensidad luminosa, pues aprovechan ésta para la fotosíntesis; las plantas del estrato herbáceo de un bosque hacen coincidir su período reproductivo con la caída de las hojas de los árboles y arbustos circundantes, pues entonces disponen de mayor cantidad de luz.

Agua
Su presencia resulta decisiva para la vida, pues es el componente mayoritario de todos los seres vivos. Además, el agua interviene en la función clorofílica de las plantas, actúa como disolven te de las sustancias nutritivas, como vehículo de transporte, regula la temperatura en los seres vivos y en el ambiente y es un factor limitante, tanto en el medio terrestre como en el medio acuático (dulceacuícola o marino).

Todas estas consideraciones explican la serie de adaptaciones que han de desarrollar los seres vivos para regular el equilibrio entre la absorción y la pérdida de agua. Así, los cactus transforman el tallo en un reservorio de este líquido y las hojas se convierten en espinas para reducir la superficie sobre la que se produce normalmente la evaporación del agua; los moluscos te rrestres se esconden en sus conchas y las cierran con mucus durante las épocas secas.

Acción conjunta de la temperatura y la humedad
La consideración de estos dos factores unidos tiene una gran importancia a la hora de definir los tipos de clima, tan directamente relacionados con la presencia o ausencia de especies animales y vegetales.

Gases atmosféricos
Este factor no presenta una gran importancia en los ecosistemas terrestres, ya que la composición de la atmósfera en la mayoría de la biosfera es casi constante, pero sí resulta decisivo en los medios acuáticos, pues la cantidad de gases atmosféricos (anhídrido carbónico, oxígeno y otros) disueltos en el agua y a disposición de los organismos es muy variada.

Presión
El aire que rodea a la Tierra ejerce una presión atmosférica sobre ella. Su influencia no resulta excesivamente importante, aunque sí condiciona ciertos cambios en los animales y plantas, sobre todo relacionados con la altitud y la disminución de oxígeno.

Por el contrario, la presión hidrostática, que es la que ejerce el agua sobre el fondo, sí resulta decisiva, pues aumenta una atmósfera por cada 10 metros de profundidad. Al principio se pensó que este factor haría imposible la vida a grandes profundidades, pero en la actualidad se sabe que esto no es así, pues se han encontrado algunas anémonas, bivalvos y crustáceos a los 10.500 metros de profundidad.

El suelo
En general, se le puede considerar como el resultado de la acción del clima y de los organismos, sobre todo los vegetales, sobre el material que cubre la superficie terrestre.

Para conocer sus características y determinar qué tipos de plantas y animales pueden asentarse en él hay que estudiar, por lo menos, los tres factores siguientes: su textura, esto es, el porcentaje de arcilla, sedimento y arena que contiene; la proporción de materia orgánica, y, por último, su capacidad de intercambio de elementos minerales o nutritivos, que son los que determinarán la fertilidad de un sustrato determinado.