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La decadencia española: el siglo XVII

telescopio antiguo

En el siglo XVII, los tesoros americanos están agotados y el poderío español se halla próximo a su fin junto a una dinastía decadente y degenerada que en el año 1700 se verá suplantada por otra de origen francés: los Borbones.

Causas de la decadencia española

En ella se aúnan varios factores:

  • El debilitamiento económico y financiero que viene anunciándose desde mediados del siglo XVI.
  • Una decadencia militar marcada por la definitiva derrota de los tercios españoles de Flandes en 1643, en la batalla de Rocroi.
  • Un declive intelectual, social y espiritual que se producirá a mediados de siglo.

Por otro lado, debido a las grandes epidemias y períodos de hambre, se produce una baja demográfica espectacular. La población emigra hacia la periferia, despoblando el centro, debido a la enorme presión fiscal imperial. La fecha clave del declive es el año 1588, cuando se produce el hundimiento de la marina española en la derrota de la Armada Invencible.

Felipe III

A la muerte de Felipe II en 1598 sube al trono español su hijo Felipe III, quien poco interesado en los problemas gubernativos entrega el control del Estado a los validos, nota que será característica de todos los Austrias del siglo XVII. Durante el reinado de Felipe III se sucederán en el poder el duque de Lerma y el duque Uceda, personajes incompetentes que utilizarán el mando en beneficio propio. Su política se caracteriza por la corrupción y el nepotismo. La malversación de fondos fue una de las causas de la crisis económica y social.

Con el pretexto de conseguir la unidad religiosa, el duque de Lerma lleva a cabo la expulsión de los moriscos. En política exterior se llega con Holanda a un acuerdo, la Tregua de los Doce años, en 1609. Con Francia mejoran las relaciones por las alianzas matrimoniales: Ana de Austria se casa con Luis XIII y el príncipe Felipe con Isabel de Borbón. Todo el reinado de Felipe III es una etapa pacifista, consiguiendo también la paz con Inglaterra y con Italia.

Debido a la crisis económica se creó en 1618 una junta de reformación con el fin de elaborar un informe para remediar los males del país: el despoblamiento de Castilla y su miseria, la reducción de impuestos y la reforma fiscal. Otro aspecto sobresaliente era el abuso y la degeneración eclesiástica. Para combatirlo se prohíben la fundación de nuevas órdenes, debido al gran número existente, ya que es el único medio de ascenso social. En 1621 muere Felipe III y la junta cae en el olvido.

Felipe IV y el conde-duque de Olivares

La debilidad de carácter del nuevo rey Felipe IV se verá arrasada por la fuerte personalidad de su valido, Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares, autoritario e idealista, heredero las teorías arbitristas y de la tradición imperial, conjuga lo ideal y lo práctico, la tradición de cruzada y el afán reformista, desprecia la política derrotista del duque de Lerma y cree en la supremacia española.

En 1621 finaliza la Tregua de los doce años con Holanda, y el partido orangista hacía casi segura la victoria, aunque Spínola ocupó el Palatinado y Breda, la situación era irreversible. Spínola y el cardenal infante don Fernando vencen en 1920 en las batallas de Montaña Blanca y Nordlingen. Pero frente a las aspiraciones del conde-duque, Europa se opone a la restuaración del antiguo imperio español, por lo que se unen Suecia, Dinamarca y Francia, y posteriormente Holanda e Inglaterra, derrotando a los tercios españoles en la decisiva batalla de Rocroi, en 1643, a la que seguirían las de Lens en 1648 y Las Dunas en 1658.

Ante el fracaso de Olivares, Felipe IV destituye a su valido, que es sustituido por don Luis de Haro.

En 1648 se firma con Holanda la Paz de Westfalia, donde se la reconoce como nación independiente. En 1659 se llega a la Paz de los Pirineos, mediante la cual España cede a Francia el Rosellón y la Cerdaña y al norte Artois, Luxemburgo y algunas plazas de Flandes. Estos dos tratados fueron humillantes para España y significaron su salida de la órbita de poder europea.

Política interior de Felipe IV

La política interior de Olivares está dirigida a una distribución más equitativa de las prestaciones y a una obligación tributaria de todos los reinos para socorrer a la monarquía. Intenta crear un sistema bancario nacional que ayudara a la corona a reducir deudas y no depender de asentistas extranjeros y liberar a la exhausta Castilla.

El conde-duque pretendía movilizar todos los recursos de un imperio poderoso en potencia, para lo que proyecta la Unión de Armas o formación de un ejército confederado de todos los reinos para la defensa de la monarquía, proyecto que es rechazado por Aragón y sobre todo por las Cortes catalanas.

Mientras tanto, empiezan a producirse movimientos separatitas en muchos reinos de la corona española. En 1635 hay un intento secesionista en Portugal que será rápidamente sofocado, pero en 1640 los portugueses conseguirán la independencia, nombrando al duque de Braganza rey, bajo el título de Juan IV.

Simultáneamente se producen otros levantamientos contra la corona. pero sin el tinte nacionalista de Portugal, y se deben a crisis de subsistencia. Sin embargo, el movimiento independentista más importante tuvo lugar en Cataluña, apoyado por Francia, quien, aprovechando el rechazo catalán al proyecto de la Unión de Armas del conde-duque, intenta provocar una separación: asedia Fuenterrabía y Olivares prepara la guerra con Francia, para lo que invade Cataluña en 1639, anula las instituciones y aloja allí a las tropas castellanas. Esto hace que la provincia se subleve y en 1640 se alce en armas, en el llamado Corpus sangriento, llegando a declararse república independiente bajo el protectorado francés hasta el año 1652.

Carlos II

Muerto Felipe IV en 1665 sube al poder su hijo Carlos II, persona incapacitada, física y mentalmente, debido a la bárbara consanguineidad de los Austrias, por lo que ha pasado a la histo ria con los sobrenombres de “el Hechizado” o “el Degenerado“.

Su reinado tiene dos etapas claramente diferenciadas: la regencia de su madre, Mariana de Austria, que durará desde la muerte de Felipe IV hasta 1675, y desde entonces hasta su muerte en 1700, su gobierno personal. En la primera fase la reina Mariana entregó el poder a su confesor el padre Nithard y posteriormente a Valenzuela, odiado por la nobleza al ser considerado advenedizo, lo que daría lugar a la formación de camarillas que disputarían el control del gobierno. Éste estaba formado por junta de cinco miembros, que habían sido designados por Felipe IV, debido a la incapacidad de su hijo. En el año 1668 se reconoce la independencia de Portugal.

Entre los nobles que se disputaban el favor real destaca don Juan de Austria, hijo bastardo de Felipe IV, que contando con el apoyo popular destituyó a Valenzuela y gobernó, con muy poco acierto, de 1676 a 1679. Sin embargo, es una novedad su golpe de Estado, ya que constituye un intento de la periferia de participación en el gobierno central.

Tras la muerte de don Juan de Austria, la reina madre vuelve a tomar las riendas del poder, sucediéndose en él una serie de políticos mediocres, que no harán sino empeorar la situación. De 1680 a 1685 accede al gobierno el inepto duque de Medinaceli, que conducirá a Castilla a un colapso total-política, administrativamente y culturalmente-, en tanto que Cataluña y en general toda la periferia se recuperan lentamente. En 1696 la situación se estabiliza debido a Oropesa, que controlará el poder de 1685 a 1691, mientras que en política exterior España quedaba a merced de las potencias europeas debido a la Paz de Aquisgrán en 1668, la de Nimega en 1678, la Tregua de Ratisbona en 1684 y la de Ryswick en 1697, que suponen las máximas usurpaciones de Luis XIV.

El reinado de Carlos II supone una descentralización de los reinos hispánicos, un fortalecimiento de sus fueros y un debilitamiento del gobierno central. La sucesión de Carlos II Enfermizo y débil, Carlos II era impotente para tener hijos. Casado con María Luisa de Orleáns, que murió en 1698, volvió a contraer matrimonio con María Ana de Neoburgo, unión que provocará la reacción de Francia, que invadirá Cataluña en 1697, pero fue devuelta a España por la Paz de Ryswick. Sin embargo Inglaterra y Francia están dispuestas a impedir la unión con Austria, pues supondría la restauración del imperio de Carlos V.

Ante la evidente falta de descendencia de Carlos II, varias potencias europeas intentan hacer valer sus derechos al trono español:

  • El candidato José Fernando de Baviera, nieto de Margarita, hija de Felipe IV, apoyado por Oropesa y la reina madre.
  • El candidato Carlos de Austria, segundo hijo del emperador apoyado por el almirante de Castilla.
  • El candidato francés Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV, casado con María Teresa, hija de Felipe IV.

En 1696 Carlos II va a hacer testamento a favor del candidato bávaro, pero es obstaculizado por Francia, que intenta un reparto de España entre las potencias europeas, miéntras Fernando de Baviera muere en extrañas circunstancias en 1698.

En mayo de 1700 Carlos II conoce la existencia de un segundo tratado de partición, lo que le obliga a testamentar a favor del francés Felipe de Anjou, proclamado rey con el nombre de Felipe V, lo que supone un clarísimo triunfo de Luis XIV.

La decisión de España hace que en mayo de 1702 Inglaterra, Austria y las Provincias Unidas declaren la guerra de sucesión, que durará hasta 1713 y constituirá uno de los mayores peligros a la corona española.

Con Carlos II muere la dinastía de los Austrias y queda consolidada otra nueva, de origen francés, que revitalizará el papel de España: los Borbones.

Economía

La economia del siglo XVII entra en una profunda depresión, adquiriendo su máxima gravedad.

La protección a la asociación ganadera de la Mesta y los fuertes impuestos llevan a un total abandono del campo. En 1611 los campesinos consiguen arrancarle ciertas disposiciones, pero la Mesta sigue siendo poderosa, pues está controlada por altas personalidades y en 1633 se promulga una pragmática contra la roturación de campos, lo que inevitablemente conduciría a las crisis de subsistencia.

La situación castellana es caótica debido a las sangrías financieras de la política imperial de los Austrias, pero la situación para Aragón y Cataluña es muy diferente ya que, salidos de la crisis de 1640, comienza ahora una lenta recuperación, síntoma claro de la mayor actividad periférica y de su menor
tributación a la corona, ajustándose más al movimiento general europeo.

En Castilla las finanzas se estabilizan en 1696, debido sin duda a la actuación del conde de Oropesa. Andalucía, sin embargo, conoce la recuperación de los reinos periféricos, destacando Sevilla, puesto en contacto con el exterior, que posteriormente será sustituido por Cádiz.

En cuanto a Hacienda, se intenta desesperadamente solucionar los problemas, pero los ineptos gobernantes del reinado de Carlos II sólo consiguen empeorar el panorama, aumentando los impuestos, gravando desorbitadamente los productos a exportar y anulando las posibilidades del comercio. Por otro lado, la baja de metales preciosos de América y la falta de oro y plata decide al gobierno a alterar el valor de la moneda, reduciendo su ley, lo que provocará constantes subidas de precios.

Cultura

La primera mitad del siglo es una continuación y superación de la riqueza artística e intelectual del siglo XVI. Es la época del Barroco, quizás el periodo más brillante de la historia española y que, paradójicamente, coincide con el fin de su hegemonía en Europa. A mediados del siglo, el genio artístico español queda bruscamente interrumpido dejando al país con un desfase político y cultural respecto a Europa.

El Barroco es un arte definitorio de una época y de una mentalidad que, frente al concepto tradicional de su oposición al clasicismo renacentista, supone, en gran parte, una continuación de este. Representa la desmesura, el dinamismo, la confusión, etc.

Es el arte de la contrarreforma católica de la nobleza, porque permite el lujo y la ostentación al tiempo que es un arte de gran sensibilidad popular. En modo alguno es representante de la burguesía, amante de lo práctico y lo realista, lo que explica que sea un arte típicamente español. Al mismo tiempo que comienza la decadencia española, el Barroco servirá para prolongar, aunque a ficticiamente, una etapa de brillo y esplendor.

La producción literaria de este siglo es la expresión de la sensibilidad nacional, caracterizada por el tradicionalismo, el nacionalismo y el sentido popular. El teatro se rige por coordenadas típicamente españolas: el honor, la moral cristiana, la libertad popular o la lucha de un pueblo orgulloso contra la injusticia.

La novela nos presenta un pueblo pobre que necesita vivir a la sombra de los poderosos, creándose así la picaresca, donde se valora sobre todo el ingenio para vivir sin trabajar. Refleja una sociedad urbana marcada por la decadencia política y económica.

Las máximas figuras de este siglo son Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón de la Barca y Cervantes, que continúa la tradición de la literatura cabelleresca del siglo XVI.

Quevedo es el poeta y ensayista más importante de este siglo, crítico amargo y humorista trágico, nos hace ver, a través de su obra, la decadencia de la sociedad española.

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