Cómo enferma la radiación

La radiación es una amenaza que genera un miedo visceral pues no se puede percibir con ninguno de los sentidos y sólo se puede detectar con dispositivos especiales que muy pocas personas tienen en sus casas. Sin embargo, oímos permanentemente que la radiación produce una amplia gama de efectos nocivos que van desde cáncer y esterilidad hasta quemaduras graves.

La enfermedad por radiación es un término general que se utiliza para describir los daños causados en el organismo por una gran dosis de radiación. De hecho, el término técnico para la enfermedad por radiación es “síndrome de radiación aguda” y también se suele hablar de envenenamiento por radiación.

Hecha esta descripción, es bueno aclarar que la mayoría de los tipos de radiación son inofensivas, incluso las clases peligrosas no causan enfermedad de radiación a menos que se reciba una dosis muy grande. De hecho, cualquier tipo de energía emitida es, básicamente, radiación, como las ondas recogidas por el radio de nuestro auto, el calor desprendido por la tostadora eléctrica e incluso, la luz emitida por el sol.

Cómo enferma la radiación

El tipo de radiación que causa enfermedad se llama radiación ionizante. La radiación ionizante tiene una energía más alta y de mayor frecuencia e incluye a la ultravioleta, rayos X y rayos gamma de energía.

Como su nombre lo indica, es lo suficientemente potente como para ionizar – desprender un electrón de un átomo que golpea – e incluso puede destruir el núcleo del átomo.

Radiación Nuclear

Para la mayoría de nosotros, la radiación ionizante no es algo que tiene que preocuparnos en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, a veces los acontecimientos inesperados pueden hacer que nuestros temores de enfermedad por radiación dejen de serlo para convertirse en una amenaza real.

 

Vamos a explicar cómo la radiación nos enferma, la cantidad necesaria de radiación para enfermarnos y qué efectos tienen diferentes dosis.

 

Cuando la radiación de energía suficientemente alta golpea a otro átomo, se despoja de un electrón. El átomo resultante, de carga positiva, se llama ion. El proceso de liberación del electrón produce 33 electronvoltios (eV) de energía, que calienta los tejidos circundantes y altera ciertos lazos químicos. La radiación ionizante puede ser de tres tipos diferentes: partículas alfa, partículas beta y partículas gamma.

Las partículas alfa son las menos peligrosas, en términos de exposición externa. Cada partícula contiene un par de neutrones y un par de protones. No pueden penetrar muy profundamente en la piel y de hecho, la ropa puede detenerlas. Por desgracia, las partículas alfa pueden ser inhaladas o ingeridas, generalmente en forma de gas radón. Una vez ingeridas pueden ser muy peligrosas, ya que conducen a la formación de cáncer de pulmón.

Las partículas beta son electrones que se mueven muy rápidamente, es decir, con mucha energía. Cuando son emitidas por una fuente radiactiva – el núcleo de un átomo moribundo – se desplazan varios metros pero son bloqueados por la mayoría de los objetos sólidos. Una partícula beta es aproximadamente 8.000 veces más pequeña que una partícula alfa y esto es lo que los hace más peligrosas. Su pequeño tamaño les permite penetrar la ropa y la piel. La exposición externa puede causar quemaduras y daños en los tejidos, junto con otros síntomas de enfermedad por radiación.

Si el material radiactivo entra en contacto con los suministros de alimentos o de agua o se dispersa en el aire, la gente puede inhalar o ingerir los emisores de partículas beta sin saberlo. La exposición interna a partículas beta causa daños mucho más graves que la exposición interna.

Los rayos gamma son la forma más peligrosa de la radiación ionizante. Estos fotones de energía extremadamente alta pueden viajar a través de la mayoría de lasa formas de materia, ya que no tienen masa. Se necesitan varios centímetros de plomo y muchos más de concreto para bloquear con eficacia a los rayos gamma. Si una persona se vé expuesta a ellos, pasan a través de todo el cuerpo afectando a todos los tejidos, desde la piel hasta la médula ósea. Esto, obviamente causa un extenso daño sistémico en el organismo.

Investigando la radiación

¿Cuánta radiación es necesaria para causar enfermedad por radiación?

Cuando hablamos de la cantidad de radiación necesaria para causar enfermedad por radiación, no hablamos en términos absolutos sino que se analiza la dosis total. Esta dosis se define tomando en cuenta una serie de factores, como la intensidad de la radiación recibida, el tiempo de exposición a la fuente y qué tipos de radiación estuvieron involucrados. La unidad de medida que tiene todos estos factores en cuenta se llama sievert (Sv), y mide la absorción de la energía radiactiva, multiplicado por un factor de calidad que varía en función de si la radiación medida son partículas alfa, beta o rayos gamma.

Una dosis de 0,75 Sv puede ser suficiente para inducir la enfermedad por radiación, con náuseas y un sistema inmune debilitado. Tres sieverts causarán un efecto más grave, aunque no será fatal si se recibe atención médica. Una dosis instantánea de 10 o más sieverts será fatal, incluso con asistencia médica. Una dosis en un punto intermedio da una chance de aproximadamente el 50% de morir en los próximos 30 días. Recordemos que nos estamos refiriendo a una dósis instantánea y aguda, si la misma dosis se extiende a lo largo de un periodo de tiempo más prolongado, los efectos serán reducidos.

La enfermedad por radiación se manifiesta inicialmente con síntomas a los pocos minutos u horas de la exposición con náuseas, diarrea, dolor de cabeza, fiebre e incluso, en casos graves, pérdida del conocimiento. Las dosis elevadas también provocan quemaduras en la piel. Los síntomas se presentan más rápidamente cuanto mayor es la dosis de radiación y se desvanecerán en uno o dos días.
Después sobreviene el período de latencia, un período de calma durante el cual no hay síntomas. Puede durar varias semanas, aunque cuanto mayor sea la dosis, más corto es el período de latencia – y con exposiciones por encima de unos 10 Sv, no hay período de latencia.

Desafortunadamente, después del período de latencia, se hace evidente el daño real causado por la radiación. El mayor perjuicio lo reciben las células y estructuras dentro del cuerpo. La mayor vulnerabilidad la presenta la médula ósea, donde las células madre producen células sanguíneas. La médula dañada no puede producir suficientes glóbulos rojos y blancos dejando el cuerpo anémico y susceptible a las infecciones.

La radiación también daña las células que recubren el sistema digestivo, impidiendo no sólo que el sistema funcione correctamente sino permitiendo que las bacterias emigren del tubo digestivo a la sangre, provocando más infecciones.

Medidor de radiactividad

Lo que sabemos acerca de la enfermedad por radiación grave proviene de un número relativamente pequeño de accidentes con materiales radiactivos, así como por las víctimas de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. De los 5 Sv en adelante, la radiación puede dañar la piel tan severamente que resultará muy difícil curarla. El cabello se cae, se desarrollan cicatrices debajo de la piel formando queloides. Desafortunadamente, algunos científicos conocieron de primera mano los horrores de la exposición a la radiación. Por ejemplo, el físico Harry K. Daghlian, Jr. sufrió una exposición de 5,1 Sv en 1945 mientras trabajaba en un núcleo de plutonio. Sufrió quemaduras graves en sus manos y murió 25 días después del accidente.

Otro físico, Luis Slotin, sufrió un accidente similar usando exactamente el mismo núcleo, un año después. Slotin fue expuesto a una dosis de 21 Sv, que es una cantidad masiva de radiación. Vomitó inmediatamente y luego sufrió de síntomas horribles durante nueve días, antes de morir. El incidente que causó la muerte de Slotin fue tan intenso que el aire del laboratorio se convirtió en ionizado, causando el brillo azul claro de una ola de calor.

Una vez expuestos a la radiación, cómo se trata a los pacientes? El tratamiento se inicia con la descontaminación si el material radiactivo está todavía presente. La descontaminación externa consiste en lavar, mientras que la descontaminación interna, si hubo inhalación o ingestión, requiere del uso de medicamentos especiales.

Además, se tratan los síntomas de manera individual para aliviar el sufrimiento del paciente, utilizando antibióticos para combatir las infecciones (por cierto que los antibióticos engordan), ya que el sistema inmunológico está tan debilitado por el daño en la médula ósea. Si la médula esta dañada ligeramente, las transfusiones de sangre pueden aumentar las probabilidades de supervivencia. Si el daño de la médula es mayor, sólo un trasplante de médula ósea puede ofrecer algo de esperanza.

Más información

How nuclear radiation works

Radioactive Contamination and Radiation Exposure

2 Comentarios
  1. 13/08/2011
  2. 16/08/2011

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