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Comida macrobiótica

La macrobiótica es una técnica que busca alargar la vida por medio de una alimentación basada en los productos naturales, es decir biológicos, cultivados según las leyes de la naturaleza y limpios de impurezas (aditivos, colorantes, conservantes…).

Los médicos y nutricionistas consideran que una alimentación macrobiótica basada en productos de granos enteros, judías, verduras frescas y frutos, con una disminución de las carnes rojas, quesos, huevos, aves de corral y alimentos muy refinados y faltos de fibra, ayuda a reducir la incidencia de afecciones cardíacas, la hipertensión, la obesidad, problemas de vesícula e hígado y el cáncer.

A diferencia de otras dietas, adelgazar no es el objetivo principal sino curar o prevenir más de 200 enfermedades, aunque reducir el consumo de azúcar y grasa animal a su mínima expresión también hará perder esos kilos de más. El símbolo de esta filosofía de vida es el ‘Ying y el Yang’, que en términos culinarios equivalen respectivamente a acidez (potasio: fruta, azúcar…) y a sodio (sal, cereales…).

Estas reglas son fundamentales en la comida macrobiótica:

  • Eliminar el azúcar
  • Prescindir de las bebidas azucaradas
  • Eliminar el café
  • Cocinar los alimentos según las reglas macrobióticas: con aceites vegetales naturales o con agua y salarlos con sal marina
  • Elegir para cocinar recipientes de barro
  • No comer verdura o fruta fuera de su época
  • No comer fruta, verdura ni cereales cultivados con abonos químicos.
  • No usar especies ni ingredientes químicos
  • Evitar lo máximo posible las proteínas animales

La macrobiótica contempla asimismo, que cada bocado deberá ser masticado entre 30 y 50 veces. Comer se convierte en una especie de rito.

Comida macrobiótica

Comida macrobiótica

Entre los alimentos básicos se encuentran las judías, la soja, la avena, el trigo, el arroz integral y las lentejas. Los vegetales comunes, la sopa de guiso o ’shoyu’, algas marinas y los vegetales de mar forman el grupo de los acompañantes o comidas secundarias. En tercer lugar se encuentran frutas selectas como manzanas, semillas y nueces. El cuarto y último grupo alimenticio de la pirámide macrobiótica lo conforman el pescado blanco y el marisco, que se deben comer con moderación y nunca máximo de dos veces por semana. Entre los vegetales de mar se encuentran el kiziki, arame, kambu, nakane y nori y se pueden encontrar en tiendas de comida oriental y herbolarios con productos macrobióticos. Los vegetales convencionales se degustan al horno, al vapor, sofreídos, hervidos o crudos.

Uno de los platos más representativos es la sopa de miso: se hierven 5 tazas de agua y se añade 1/8 de taza de wakame en tiras y 1 taza de cebolla. Se cocina a fuego medio hasta que las cebollas estén transparentes. Se añade 1 taza de tofu en cuadraditos y 1/4 de cucharada de barley miso por cada taza de agua (el barley miso es una pasta de judías de soya molidas, fermentadas y mezcladas con sal marina y barley). Se reduce el fuego al mínimo y se deja cocinar durante 3 minutos. Adornar el tazón de sopa con cebollín fresco.

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