Cannabis

La planta hembra del cáñamo indio (Cannabis Sativa), muy parecida a la ortiga común española, presenta la existencia del tetrahidrocannabinol, un principio activo especialmente concentrado en las flores.

Esta sustancia no se encuentra en la planta fresca, sino que se forma durante la desecación, la conservación e incluso durante la combustión. El tetrahidrocannabinol, llamado THC, fue aislado en forma pura en 1964 y en la actualidad es perfectamente conocido.

Los pequeños racimos de fruto de la planta, una vez maduros, son sometidos a intenso calor para que exuden una resina amarillenta y pegajosa, de olor parecido a la menta. Esta resina se mezcla con las hojas, tallos y cañamones de la planta, triturados y calentados para luego ser sometidos a un prensado que finalmente da lugar al llamado hachís. Para incrementar su cantidad, las redes de tráfico de drogas internacionales suelen adulterarlo con goma arábiga, clara de huevo, etc. cuya combustión resulta más dañina que la propia sustancia.

Con las partes desechables de la flor se elabora la llamada marihuana. Las hojas altas de la planta contienen una mayor concentración de sustancias alucinógenas y se utilizan para elaborar el Kif, más utilizado en el norte de Africa y las zonas de cultivo. La potencia de la Marihuana y del Kif es entre cinco y diez veces inferior a la del hachís.

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¿Qué es una droga?

Se entiende por droga cualquier sustancia, natural o sintética, que introducida en el organismo humano provoca alteraciones psíquicas y a menudo también orgánicas provocando un estado placentero que motiva a la persona a volverlo a utilizar hasta acabar haciéndole dependiente de dicha sustancia. Las principales, por orden aproximado de toxicidad, son la nicotina, el cannabis, el alcohol, la cocaína, las anfetaminas, los barbitúricos y la heroína, entre otros.

El cannabis sobrepasa el carácter de droga para convertirse continuamente en un enfrentamiento entre la lógica y lo establecido. El continuo debate sobre su despenalización trasciende las referencias hacia lo que es saludable y lo que es nocivo y se convierte en realidad en el debate sobre el derecho de los poderes establecidos a decidir, por motivos políticos y económicos, qué es bueno y qué no lo es.

Un debate sobre la libertad individual a decidir y, si es necesario, a equivocarse. Expertos en la materia, como José Luis Díez Ripollés, plantean la paradoja de si es preciso prohibir lo malo o enseñar a distinguirlo: “Con la vía de la represión, lo único que estamos fomentando son ciudadanos irresponsables, ciudadanos que no asumen sus propias decisiones, y que precisamente por no asumir sus propias decisiones caen en lo que caen. No es a través de la represión como se soluciona el problema. Es a través de la prevención, entendida como enseñanza y educación“.

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