Arte en el Renacimiento

Desde que el Imperio Romano se dividió en tiempos de Teodosio, Italia asumió el papel de representante en Occidente de la cultura y arte bizantinos. El profundo espíritu clasicista del pueblo italiano quedó aletargado durante más de mil años en espera de que se produjeran las circunstancias propicias para salir al exterior renovado y esplendoroso.

Pero el Renacimiento fue mucho más que un reencuentro con la antigüedad imperial, ya que con él no sólo se rompe con la feudalista regla medieval, de la que Francia era centro ideológico, sino que además nace el empirismo como base de todo conocimiento.

El arte en la Italia medieval

Sería muy difícil comprender el origen del movimiento renacentista italiano, sin estudiar antes las actividades e intencionalidades artísticas que se desarrollaron en Italia durante los siglos XIII y XIV, etapa ésta que en el resto de Europa estuvo marcada por una incondicional sumisión a la oficialidad del estilo gótico.

En 1250 moría Federico II Hohenstaufen, emperador de Alemania y rey de la Italia meridional. Sus constantes enfrentamientos con la Iglesia y su mecenazgo intelectual crearon un ambiente más que propicio para eludir la presencia gótica en su territorio y desarrollar unas actividades artísticas muy cercanas a la concepción estética del último período imperial. A lo largo de este progresista siglo XIII la arquitectura gótica aparece de forma muy escasa en Italia.

Sin embargo, las artes plásticas -escultura y pintura- alcanzaron durante esta etapa un nivel de calidad extraordinariamente elevado.

Mapa de la Italia del Renacimiento

Mapa de la Italia del Renacimiento

Los escultores Pisanos

El panorama escultórico en este siglo cuenta con la presencia del llamado grupo de los Pisanos que en Toscana fundaron una auténtica escuela de características muy específicas, al dotar a sus trabajos de una individualidad poco conocida. La escuela toscana se inicia con la egregía figura de Nicolas Pisano, que realizará en 1260 el púlpito del baptisterio de Pisano en el que a la concepción gótica del conjunto, concebido como una verdadera catedral en miniatura, se debe sumar la evidente tendencia clasicista de los personajes que recrean escenas evangélicas, pero con un concepto iconográfico muy cercano a la temática mitológica.

Con la probable ayuda de su hijo Giovanni, el maestro Nicolas Pisano realizó también el púlpito de la catedral de Siena, más dinámico que el anterior, y la Fuente de Perusa (1278).

La fusión de los ideales plásticos del más estricto gótico francés y del clasicismo romano, caracterizan la labor artística de Giovanni Pisano, sin duda el escultor clave del prerrenacimiento italiano.

El arte pictórico

En este siglo XIII el arte pictórico comenzará una auténtica revolución que culminará en el Trecento con la insigne figura de Giotto.

La tradición musivaria halla en esta etapa un proceso de desarrollo muy adecuado. Pietro Cavallini (1250-¿1334?), máximo representante de este procedimiento, es además un excelente muralista al fresco, cuyo trabajo del Juicio Final en Santa Cecilia in Trastévere aparece ya muy cercano a la concepción compositiva de Giotto.

Cimabue y Duccio

Pero la verdadera creación pictórica, cuya significación en el proceso prerrenacentista tuvo capital importancia, aparece gracias a dos figuras claves: Cimabue y Duccio.

Giovanni Cimabue
(1240-1302). Como iniciador de la primitiva escuela florentina es sin duda el introductor en Italia de los procedimientos pictóricos bizantinos: la pintura sobre tabla, al temple de huevo, armonizando el color mediante veladuras grasas extremadamente oscuras. Aunque el hieratismo típico de la pintura icónica está presente en la obra de Cimabue, es evidente una aportación personal que trasciende las rígidas normas religiosas. Cimabue muere en 1302, pero su obra se renovará sin anular sus orígenes gracias a Giotto, su discípulo más entrañable.

Duccio de Buoninsegna
(1255-1319) es el artista fundamental de la escuela de Siena. Se puede decir que con él la pintura medieval cierra su ciclo en Italia. Este tipo de arte se basaba en el dibujo estereotipado y en el proceso tradicional de construcción del cuadro según el estilo cretense. Este excelente artista, gracias a la extremada sensibilidad, la delicadeza, la elegancia y la sutileza en la interpretación del dolor y la forma, alcanzó cotas muy elevadas de calidad estética.

El Trecento

El siglo XIV, como culminación de la época medieval o anticipo de la Edad Moderna fue, sin duda, un período muy dramático en Europa; sin embargo, hechos históricos como la Guerra de los Cien Años, la cruel peste negra o el Cisma de Occidente no enturbiaron en Italia el ya iniciado proceso hacia el nuevo arte: el moderno Renacimiento.

Italia socio-políticamente no era un mar en calma, sino todo lo contrario. La desunión de su territorio, dividido entre las ciudades estado (Génova, Pisa, Florencia y Venecia), al norte, los estados pontificios en la región central y los reinos de Sicilia y Nápoles en poder de la casa de Anjou, al sur, lleva a la conclusión de que la Italia del Trecento sólo era una expresión geográfica. No obstante, pese a la desunión las ciudades italianas alcanzaron un destacable desarrollo económico, gracias a su participación en las cruzadas y a que la burguesía terminó eliminando a los monarcas y se apropió del poder.

Auge de la arquitectura gótica

En la época de Dante y Petrarca la arquitectura gótica parece instalarse de forma más sólida que en el siglo anterior. Se construyeron la catedral de Milán y la horizontal de Orvieto, pero también se erigieron edificaciones civiles, como los palacios del Dux en Venecia o el de la Señoría en Florencia. Todos estos monumentos aparecen en la Italia prerrenacentista como queriendo hacer un paréntesis en el proceso de renovación clasicista iniciado en la centuria precedente.

Escultura y pintura

De todas formas, el auténtico espíritu innovador se producirá a través de las artes plásticas, en el Trecento italiano. Los escul tores, continuadores de la labor desarrollada por los Pisanos, prosiguen el acercamiento a la realidad clásica.

Con el Renacimiento comienza la historia de una nueva actividad artística que revolucionaría absolutamente el arte pictórico y escultórico universal: el dibujo como instrumento para el estudio del natural. En este trabajo de Piero della Francesca podemos observar el interes del artista por establecer diferentes relaciones modulares en la cabeza humana.

Con el Renacimiento comienza la historia de una nueva actividad artística que revolucionaría absolutamente el arte pictórico y escultórico universal: el dibujo como instrumento para el estudio del natural. En este trabajo de Piero della Francesca podemos observar el interes del artista por establecer diferentes relaciones modulares en la cabeza humana.

Destacan Arnolfo di Cambio (1232-1302) y fray Gugliemo de Pisa (1238-1312) como artistas representativos del cambio de siglo.

Ya plenamente introducido en el mundo del siglo XIV Andrea Pisano trabajará fiel a la escuela toscana de sus antecesores en los relieves de la fachada de la catedral de Orvieto, así como en la realización de las puertas de bronce del baptisterio de Florencia.

La pintura del siglo XIV aparece representada a través de dos escuelas de muy diferente significación, la escuela de Siena, que continuará en cierto modo la obra de Duccio, y la escuela florentina, en cuyo marco se producirá la revolución más importante del arte de este tiempo gracias a la figura de Giotto.

La escuela sienesa

Es sin duda Simone Martini (1283-1344) el pintor más característico de la escuela sienesa en el Trecento. Concibe sus obras bajo una constante de elegancia y sutileza, pero sin desprenderse del todo de la tradición bizantina. No obstante, revela ya una evidente tendencia a la reproducción del natural y una cierta preocupación por los problemas de perspectiva. El proceso de fabricación de los cuadros de Simone Martini se acerca bastante al procedimiento inventado por Giotto, aclarando su paleta, produciendo así un efecto más luminoso. A raíz del Cisma de Occidente el artista se traslada a Avignon, con lo que su tendencia hacia el gusto francés se acrecentará en sus últimas obras.

La pintura renacentista: Giotto

Giotto es el primer pintor decididamente renacentista. Haciendo nuestras las palabras que Cenino Cennini, en su Tratado de pintura (1390), dedicó al maestro florentino podemos afirmar que .. cambió el arte de pintar de bizantino a latino, para hacerlo moderno y alcanzó el arte más acabado que jamás lograra nadie.

En efecto, Giotto de Bondone (1276-1337), discípulo de Cimabue, creó un arte nuevo sin precedentes al abandonar la metódica rigidez bizantina y su orientación hacia el estudio y el análisis natural. Pero incluso si comparamos el método de trabajo de Giotto con el de los antiguos artistas griegos y romanos la diferencia resulta patente, pues Giotto no utilizaba la naturaleza para realizarla, sino que buscaba en ella la solución a los problemas plásticos que se planteaba.

Con Giotto comienza la historia del dibujo como instrumento de estudio del natural y como medio para el diseño previo en las realizaciones pictóricas.

Innovaciones técnicas

Pero a Giotto no sólo le preocupaban los aspectos formales y la búsqueda de sistemas para interpretarlos gráficamente (perspectiva, anatomía, estudio de ropajes, etc.), sino que investigó y desarrolló un nuevo procedimiento pictórico sobre tabla. Este método se basaba en la eliminación de las capas de barnices grasos, que oscurecían aquellas obras de tradición icónica, y Giotto creó un proceso sencillo y limpio de pintura al temple que iluminaba los cuadros de una forma totalmente renovadora. También las pinturas murales al fresco que realizó como la Pasión en Padua o las de la Capilla de San Francisco de Asís se renuevan en algunos casos con el sistema de pintura al seco, aplicando casi sin variaciones la misma técnica, que empleó en sus obras de caballete, entre las que destacan la Virgen en Majestad y los Crucificados de Rímini y Padua.
Las transformaciones del Quatrocento La férrea estructura medieval sucumbe sin solución de continuidad a lo largo del siglo XV. Los tiempos modernos se alzan pletóricos de humanidad e
individualismo, rompiendo así las cadenas que ataban al hombre del medioevo impidiéndole la observación del mundo que le rodeaba.

El imperio bizantino se derrumba tras la conquista de Constantinopla por los turcos en 1453, la última guerra feudal -la de los Cien Años- finaliza también el mismo año.

Florencia, el foco artístico más importante de Italia, entra en un período crítico políticamente, lo que favorece el alzamiento de la burguesía que, representada por la familia de los Médicis, se hace cargo del gobierno y también del control absoluto de las artes y la intelectualidad quatrocentista, propagando su veneración a la Roma antigua: El Renacimiento ha comenzado.

La arquitectura: Brunelleschi y Alberti

Si en la pintura y la escultura a lo largo de las etapas anteriores el reencuentro con el clasicismo y la ruptura con las tendencias goticistas fueron evidentes, la arquitectura no encontraría su concepción renacentista auténtica hasta este siglo XV.

Dos grandes artistas del arte constructivo se reparten el desarrollo del renovador orden arquitectónico: Brunelleschi y Alberti.

Filippo Brunelleschi
(1377-1446). Brunelleschi, que se formó como escultor, es capaz de dotar a sus edificaciones de una estética perfectamente articulada en cuanto a sus masas y volúmene s, de forma que podíamos calificarlas de esculturas habitables.

La introducción del arco de medio punto, las columnas corintias y los frontones triangulares rematando las ventanas nos hablan del incondicional atractivo que al arquitecto le produce el espíritu clasicista. Es obra suya la cúpula sobre tambor de la catedral de Florencia.

León Battista Alberti
(1404-1472) es sin lugar a dudas el teórico de la arquitectura del Quatrocento. En su tratado De aedificatoria establece una verdadera teoría constructiva basada en las relaciones matemáticas y modulares que, según el concepto clásico más estricto, son imprescindibles para controlar la perfecta relación armónica entre las diferentes partes del edificio.

La escultura: Ghiberti y Donatello

La renovación clasicista en la escultura no empieza en el siglo XV sino que ya los artistas de la escuela toscana en el Ducento practicaban esa concepción escultórica tan cercana a la antigüedad clasicista.

Ghiberti
(1378-1455). Tras vencer a Brunelleschi en el concurso convocado para realizar las puertas de bronce del baptisterio de Florencia (que sustituirán a las primeras que realizara Andrea Pisano), Ghiberti alcanza un importantísimo prestigio como escultor. Su obra, básicamente orientada hacia el relieve, se desarrolla con gran riqueza decorativa. Llevó a cabo una nueva versi ón de las Puertas del baptisterio.

Donatello
(1386-1466) es el escultor fundamental del Quatrocento. Creador de un nuevo naturalismo en el arte, centra todo su espíritu artístico en profundizar el estudio de la figura humana. Su visión de la forma es total, gracias a su completa formación como arquitecto, pintor y orfebre.

El David, tan cercano al que realizará su admirador y con tinuador Verrochio (1435-1488),es, junto a la estatua ecuestre del Condotiero Gattamelata, su trabajo más célebre.

La pintura del Quatrocento

Es muy interesante establecer un paralelismo entre la pintura del Quatrocento y la que se producía contemporáneamente en el Ducado de Borgoña a través de los primitivos flamencos. Aunque no se conectan hasta que Antonello de Mesina se instala en Ven ecia importando el invento de Van Eyck (la técnica mixta templeóleo), las escuelas italiana y flamenca constituyen los puntos de partida que darían lugar a todo el arte pictórico de la Edad Moderna.

La escuela florentina

Tomando a Giotto como ídolo, los pintores florentinos de este período son los más innovadores tanto en materia técnica como en la concepción estética del cuadro.

Aquellos balbuceos que el maestro de Bondone realizará acercándose al efecto de profundidad culminarán en esta escuela quatrocentista con el desarrollo absolutamente científico de las leyes que rigen la perspectiva lineal. Asimismo el procedimiento pictórico al temple de huevo alcanzaría el techo de sus posibilidades. Podemos afirmar, en este aspecto, que nunca se trabajó el temple con la sensibilidad y perfección con que estos maestros lo hicieron.

Fra Angélico
(1387-1455), artista de una sensibilidad sin par, continuó en bastantes cuadros utilizando el sistema goticista de la pintura al temple sobre dorado, pero con una estética bastante moderna y colorista. Sus Virgenes y especialmente la Anunciación Museo del Prado, son obras perfectas.

Paolo Uccello
(1396-1475) es el estudioso de la perspectiva por excelencia. Sus contactos con geómetas y matemáticos y su admiración sobre todo por Euclides le llevó a poseer un extraño virtuosismo en el arte de interpretar la tercera dimensión en el cuadro.

Masaccio
(1401-1428) fue el primero que, partiendo de apuntes del natural y bocetos previos, trasladaba éstos, mediante cuadrícula, al soporte definitivo. Esto explica el excelente sentido del volumen y la forma que supo imprimir en obras como los frescos de la capilla Brancaccio o tablas de la categoría de la Madonna de los Uffizi.

Piero della Francesca

(1416-1492). Si Paolo Uccello es el investigador más tenaz en el terreno de la perspectiva lineal, Piero della Francesca lo es en el campo de la perspectiva aérea. A través del arquitecto Alberti, gran conocedor de los mecanismos de la percepción visual, aprendió las variaciones que el color y el contraste tonal sufren debido a la distancia, lo que permitió aportar en sus obras una excepcional ambientación espacial, como vemos en su retrato de Federico de Montefieltro en los frescos de San Francisco de Arezzo.

Sandro Boticcelli
(1445-1510) profundamente atraído por la temática mitológica, crea un lenguaje elegante y sutilmente sensual, grácil y femenino, que le otorgan una evidente originalidad. La Primavera y el Nacimiento de Venus son obras de una modernidad sorprendente. Su técnica, al temple, se particulariza al emplear para el modelado de las imágenes un finísimo entramado lineal apoyado en visibles líneas que afirman la construcción de las figuras.

La escuela de Padua

Hablar de la escuela de Padua en el Quatrocento implica automáticamente la presencia del más virtuoso artista del escorzo: Mantegna.

Andrea Mantegna
(1431-1506). Perfecto conocedor de los sistemas perspectivos, que aplicaría constantemente en sus cuadros mediante la inclusión de motivos arquitectónicos clásicos, adapta la perspectiva a la figura humana y produce las primeras imágenes escorzadas, fruto sin duda de un profundo estudio del natural.

Son obras características su Cristo muerto y sus trompel’oeil del que es ejemplo el techo de la Cámara de Glisposi.

La escuela veneciana

Es la más naturalista de todas las escuelas pictóricas del si glo XV italiano y además se erige en centro de acomodación de la técnica flamenca.

Giovanni Bellini
(1430-1516). Profundo conocedor de la anatomía, suma a sus cualidades la de excelente colorista. Desarrolla algunas novedades iconográficas como la llamada Sagrada Conversación.

Antonello de Mesina
(1430-1479) introduce en Italia la técnica mixta temple-óleo, lo que terminará relegando el uso del temple puro a un segundo término. Sus cabezas, hermosísimas, aparecen a veces incorporadas a unos cuerpos que nos atreveríamos a calificar de un tanto descontrolados.

El Cinquecento: Del Alto Renacimiento al Manierismo

El corto período de tiempo que comprende los treinta primeros años del siglo XVI ha pasado a la historia del arte y la cultura como uno de los más fecundos, sino el más importante; es el llamado Alto Renacimiento en el que el artista, al igual que ocurrió en la Grecia de Pericles, terminó por solucionar prácticamente todos los problemas plásticos que los hombres del Quatrocento se habían planteado a partir de su toma de contacto con la realidad.

En 1492 muere Lorenzo de Médicis, lo cual favorecerá el traslado de la capitalidad artística de Florencia a Roma. Este mismo año es elegido papa Alejandro VI Borgia, pero quizá el aconteciento más influyente en el mundo intelectual lo constituye el descubrimiento de América, que amplió el conocimiento que se poseía del mundo.

En la cúpula de la catedral de Florencia encontramos todo el renovador espíritu del primer Renacimiento.Brunelleschi, que la diseñó sobre tambor octogonal concentró en ella el máximo equilibrio clasicista.

En la cúpula de la catedral de Florencia encontramos todo el renovador espíritu del primer Renacimiento.Brunelleschi, que la diseñó sobre tambor octogonal concentró en ella el máximo equilibrio clasicista.

La arquitectura: Bramante y Miguel Angel

Tal vez el aspecto externo que más diferencia la arquitectura del Alto Renacimiento respecto a la del Quatrocento es la evidente reducción de los motivos decorativos, que tanto en el exterior como en el interior ornamentaban los edificios. Sin embargo, la característica más trascendente que distingue a la arquitectura de ambos períodos es la referente a la concepción interna y, por tanto estructural de las construcciones, que buscan el diseño antropomorfo en sus obras, acomodando tanto las plantas como fachadas y columnas a las proporciones del cuerpo humano. De este modo se quería simbolizar al hombre como centro cósmico de todo lo creado, utilizando sus módulos de proporción dentro del concepto más clásico, siguiendo las normas de Vitruvio.

Por otra parte en la arquitectura del Cinquecento se fijan unos tipos de construcción muy definidos: por un lado, la arquitectura sacra cuyo máximo exponente será la basílica de San Pedro en Roma y, por otro, la arquitectura civil y urbanística en la que la actividad aparecerá repartida entre las edificaciones palaciegas y las típicas villas y jardines como la Villa Madama de Rafael.

Bramante y Miguel Angel, en su actividad de arquitecto, son los máximos exponentes del arte constructivo del Renacimiento.

Bramante
(1444-1514), muy cercano a Brunelleschi en su eta pa florentina y milanesa, opta al trasladarse a la nueva capital artística, Roma, por una concepción mucho más clásica. Fue el autor del primer proyecto para la Basílica de San Pedro, aunque nunca lo vio realizado. Miguel Angel, que se hizo cargo del proyecto definitivo, utilizó el diseño de Bramante, que empleaba la planta de cruz griega y la gran cúpula en el crucero.

Miguel Angel Buonarotti
(1475-1564), como arquitecto, pintor y escultor es el hombre renacentista por excelencia. Además, es el arquitecto más clásico que desde los tiempos de Grecia y Roma haya aparecido en la escena artística universal. Miguel Angel aplicaba en todas sus obras lo más característico del concepto clasicista: el mantenimiento constante de un sistema de proporciones fijo.

Aparte de la magnífica Basílica de San Pedro son obras suyas la Sacristía de San Lorenzo en Florencia, así como la culminación de la obra inacabada de Antonio Sangallo, el palacio Farnesio.

Como otros importantes arquitectos de la Italia renacentista del siglo XVI debemos citar el ya mencionado Antonio Sangallo (1483-1546) cuya participación en las obras de San Pedro fue notable, y como no, a los excelentes tratadistas Vignola (1507-1573) precursor del Barroco y Andrea Palladio (1508-1580) autor de la Villa Cappa y de las magníficas iglesias de San Giorgio el Mayor y la del Redentor, ambas en Venecia.

Arquitectura renacentista

La característica primordial de la arquitectura renacentista estriba en el reencuentro con el orden clásico. La búsqueda de la armonía mediante la modulación de las distintas partes del edificio condicionan, a partir del siglo XV, todas las construcciones.

La riqueza decorativa del primer Renacimiento cede paso, a lo largo del siglo XVI, a un sistema más sobrio. Iglesias, palacios y villas se proyectan según los más estrictos ideales de Vitruvio.

La escultura: Un nuevo método de trabajo

El arte escultórico no se desprendió totalmente de la estructur a en bloque hasta que Donatello aportó sus innovaciones. La tradición gótica, que no se planteaba ni siquiera en las obras de bulto redondo la posibilidad de visualizar la escultura desde to dos los puntos de vista, se rompe con los últimos trabajos de Donatello, que son sin duda el punto de partida sobre el que Miguel Angel y sus seguidores del Cinquecento se basarán para crear las nuevas figuras escultóricas. En ellas la importancia de los vanos alcanza un protagonismo nunca visto desde la antigüedad. Ya no son bloques cúbicos que ocultan la visión de lo que hay detrás, sino que su forma se integra en el espacio circundante pudiendo percibir, si se quiere, que es el vacío el que crea la imagen o viceversa, y esto desde cualquier punto de vista.

Miguel Angel Buonarotti.
La concepción del tutto tondo en la que la interacción entre sólido y vacío es la clave creativa, llega a su más alta categoría y perfección a través del cincel de Miguel Angel. Pero no sólo se ocupa de solucionar este problema, sino que además nos ofrece un recreo en el ritmo a través de esquemas diferentes, como por ejemplo la estructuración helicoidal que desde el pie hasta la cabeza recorre la soberbia imagen de su David. Otro importante valor plástico y expresivo de la obra de Miguel Angel es el efecto grandioso, pero profundamente humanizado, que sus figuras emanan, como las Piedades, y los esclavos y el Moisés.

Para entender realmente el método de trabajo de Miguel Angel diremos que si los escultores convencionales parten del bloque para tallar la forma sólida, Miguel Angel probablemente se plantea el proceso al revés, esto es, la escultura es lo que queda después de haberse recreado en la talla de los vacíos.

La pintura

En la pintura del Alto Renacimiento maduran todos los descubr imientos técnicos que los pioneros del Quatrocento continuadores del intuitivo Giotto fueron desarrollando. El procedimiento al temple puro deja paso a la pintura al óleo, que aplicada en formas de veladuras sobre grisallas realizadas al temple o utilizada en forma directa mediante colores resinosos, extenderá su uso culminando en el asombroso sistema de la escuela veneciana, con la figura de Tiziano.

Desde el punto de vista conceptual la pintura refleja el alto grado de percepción visual que los artistas del Cinquecento llegaron a desarrollar produciendo obras en las que la perspectiva aérea (sensación de atmósfera), el perfecto dominio de la anatomía y el absoluto control del claroscuro hacen evidente la plenitud alcanzada.

Leonardo da Vinci
Leonardo da Vinci (1452-1519) es el prototipo del hombre renacentista. Toda su vida se orientó hacia el conocimiento del mundo, y para ello el medio utilizado fue la observación.

Educado artísticamente en el taller de Verrochio pronto asimiló el nivel de conocimientos que la cultura de su tiempo poseía descubriendo la gran cantidad de lagunas que existían y que eran cubiertas con conceptos tradicionales, en su mayoría fruto de la intuición y no de la experimentación. Con esta preocupación por buscar una explicación demostrable a toda incógnita, empezó Leonardo su carrera contra el tiempo, multiplicando sus estudios a través de numerosos cuadernos de notas y dibujos científicos.

Soberbio estudio de Leonardo da Vinci que en 1510 realizara para la cabeza de Leda.

Soberbio estudio de Leonardo da Vinci que en 1510 realizara para la cabeza de Leda.

Aplicó a la pintura todas sus experiencias en materia de anatomía y química, así como sus descubrimientos sobre sensaciones ópticas. Su preocupación por encontrar un sistema que le permitiera pintar el aire y la atmósfera le llevó a deshacer los cont ornos de sus figuras y de los elementos del cuadro en función de la distancia al observador. Mediante el procedimiento pictórico del sfumato logró envolver sus formas en el aire, apoyándose también en el claroscuro, previamente estudiado en forma de grisalla. Evidencian este sistema sus obras más célebres la Virgen de las Rocas y La Gioconda.

Miguel Angel Buonarotti
La obra pictórica de Miguel Angel se centra fundamentalmente en la decoración de la Capilla Sixtina . Por encargo del papa Julio II. Es curioso que hasta ahora la crítica especializada tachaba a Miguel Angel como pintor de paleta neutra y limitada; sin embargo, recientes restauraciones de los frescos han revelado una potencia cromática de deslumbrante luminosidad. Ciertamente no es un pintor de atmósfera como Leonardo, ni tampoco de ambiente como Rafael o Correggio, no obstante, la interpretación que realiza en el plano de la forma escultórica, le otorga un carácter sumamente innovador.

Rafael Sanzio
(1483-1520). Su formación artística presenta un incesante recorrido por diferentes talleres. Su obra, profundamente revolucionaria, se define a través de tres períodos marcados sus distintas residencias: la época de Perusa, la florentina y la romana. El maestro de Urbino aúna, por tanto, todos los conocimientos asimilados.

Rafael como dibujante ha sido admirado en todas las épocas de la historia del arte. Su fina sensibilidad queda patente en este hermoso estudio para su fresco El parnaso.

Rafael como dibujante ha sido admirado en todas las épocas de la historia del arte. Su fina sensibilidad queda patente en este hermoso estudio para su fresco El parnaso.

La gran sensibilidad y su profundo dominio del dibujo crean pinturas de una evidente intemporalidad, tan válidas hoy día como en el momento en que se ejecutaron. Entre sus obras cabe destacar las Madonnas, de sutilísimo claroscuro y cromatismo excepcional, y sus frescos, en las estancias vaticanas, que deslumbran con su sentido de luz y profundidad.

Corregio
(1489-1534). Incondicional seguidor de Leonardo da Vinci, es el pintor colorista por excelencia del Alto Renacimiento. El estudio de los efectos luminosos, no como elemento modelador de la forma sino a través del color y sus reflejos, es la característica más personal de este artista, tan atraído en su última época por el desnudo femenino. Su obra sería imitada con gran profusión en el último período del siglo XVI, cuando el Manierismo se impuso con su concepción anticlásica.

La escuela veneciana

La capital importancia que en la historia de la pintura tuvo la escuela veneciana en la época renacentista se comprende a traves de dos aspectos. El primero es la creación de una temática diferente que definiría la iconografía occidental hasta el siglo XIX. Para este desarrollo se precisó un notable aumento del formato de los cuadros, y, éste es el segundo aspecto, la consiguiente invención de un nuevo procedimiento pictórico que permitiera trabajar semejantes cuadros sin perder la unidad.

El nuevo procedimiento consistía en partir de un fondo oscuro (gris o rojizo) sobre el que mediante una mezcla de blanco al temple y óleo resinoso, se procedía a fijar -aplicando color blanco más o menos diluido- el efecto de claroscuro. Los colores se plasmaban posteriormente mediante veladuras, permitiendo así crear efectos de empastes y, por lo tanto, producir unas obras de tanta plasticidad como las que nos han llegado gracias a artistas de la talla de Tiziano (1477-1576) sin duda el máximo representante de esta escuela; Giorgione (1477-1510), el iniciador del nuevo sistemaTintoretto (1518-1594), o el Veronés (1528-1588).

El Manierismo

Cuando en 1530 las tropas de la casa de Habsburgo atacan despiadadamente Roma, Florencia entra en la profunda crisis que culmina en la implantación del absolutismo de Carlos V, que asegura el poder a los Médicis pero desterrando su labor protectora hacia la intelectualidad. El Manierismo en el arte es ya un hecho que a lo largo de cincuenta años, hasta 1580, constituirá la tónica general de las actividades de los arquitectos, pintores y escultores de la Italia del siglo XVI.

Describir aquí las características que distinguen las obras manieristas es harto difícil ya que su aspecto externo no aparece excesivamente diferenciado del arte del primer Barroco, por lo que a veces, incluso, se ha denominado a este ciclo como período de transición.

Sin embargo, si atendemos al aspecto interno de las obras, resulta evidente el anticlasicismo que despiden, ya que, por ejemplo en la arquitectura, aunque se continúen utilizando los elementos típicos renacentistas, la concepción armónica no se plantea desde un punto de vista eurítmico (buscando una íntima relación entre todas las partes), sino creando la armonía gracias a los fuertes contrastes Edificios como el Palacio Massimi, de Peruzzi (1481-1536) o Palacio Pitti, de Ammanati (1511-1592), denotan esa exuberancia que no es sino un anticipo del arte barroco. Tampoco las artes plásticas se sustraen al ocaso renacentista; así, Miguel Angel y Rafael abandonarán su propio estilo desarrollando en sus obras más tardías unos trabajos claramente al margen del concepto antiguo. Pero serán quizá, la nueva generación de pintores, casi todos nacidos ya en el Cinquecento, los que más practicarían el arte manierista, que en sus inicios no pretendía otra
cosa que la imitación de los maestros. En la escultura Benvenuto Cellini, tal vez es el ejemplo de artista manierista más típico.

El Renacimiento en el resto de Europa

El Renacimiento es un movimiento artístico absolutamente italiano, por lo que cualquier manifestación que fuera de Italia se produjera a partir de finales del siglo XV y a lo largo del XVI nos remite ineludiblemente a sus fuentes de origen.

El arte del Renacimiento en Europa se ofrece bajo un panora ma determinado por dos aspectos evidentes: Primero, los constantes conflictos bélicos territoriales -en los que España es la principal protagonista- provocando un trasiego de artistas que cambian de residencia con gran frecuencia, y segundo, la lucha religiosa surgida de la Reforma y que terminará por separar artísticamente el mundo anglogermánico de la veneración de imágenes que llevó a cabo la Europa latina durante el siglo XVI.

Durero: El renacentista alemán

El clima reformista que se respiraba en Alemania impedía la introducción de las corrientes que se desarrollaban en la Italia de los maestros florentinos. Así los territorios germánicos, fieles al gótico, sobre todo en el norte, no se interesaron en asimilar el orden clásico. Algunos castillos en Dresde, como el de Brieg o el de Hertenf, y sobre todo el Palacio de Heidelberg, son los edificios más notables del Renacimiento alemán.

Será, sin embargo, la pintura la reina de las artes en este período histórico. La figura magistral de Alberto Durero (1471-1528) refleja como ningún otro el espíritu polifacético característico del renacimiento. Muy influido por los artistas italianos, toma de ellos el interés por la búsqueda del equilibrio estético a través del estudio canónico de la figura humana.

Xilografía de Durero representando a Cristo en el Monte de los Olivos, nos muestra el perfecto dominio que alcanzó el artista de Nuremberg.

Xilografía de Durero representando a Cristo en el Monte de los Olivos, nos muestra el perfecto dominio que alcanzó el artista de Nuremberg.

El artista de Nuremberg es un excelente pintor y dibujante, pero lo que más le caracteriza es su actividad como grabador. Sensibilizado al máximo por la invención de la imprenta, descubre en los procesos de estampación no sólo la clave para la multiplicación de sus trabajos sino también un amplísimo espectro de posibilidades gráficas que de todo ello son muestras sus extraordinarias xilografías sobre el cíclo de María o sus aguafuertes sobre cobre como el titulado Melancolía.

El alto nivel del arte pictórico alemán, durante el período renacentista, se completa con la presencia de otros tres artistas de una asombrosa categoría: Grünewald (1485-1530) con sus atroces y misteriosas criaturas, que revelan una punzante ironía religiosaHans Holbein el Joven (1497-1543), el retratista que reprodujo con mayor sensación de realidad a los personajes de la época, y Lucas Cranach (1472-1553), pintor oficial de la Reforma.

La escultura presenta una tónica menos determinante en la Alemania de Durero. La escuela escultórica de Nuremberg es la más importante; en la que descollan las figuras de Peter Vischer (1466-1529) y sus hijos Hermann y Peter el Joven,artistas de tradición gótica pero que incorporan algunos elementos renacentistas.

Escaso eco en Inglaterra

Si la arquitectura alemana fue reacia a introducir el sistema clasicista italiano, mucha menos hospitalidad concurre en Inglaterra. Solamente, y a partir del reinado de Enrique VIII, algunas for mas decorativas italianizantes se incluyen en los arraigados edificios góticos británicos. Los castillos que a partir de la mitad del siglo XVI se erigen, como el de Somersey House, obra de John Thynne, o los típicos de John Thorpe con sus enormes ventanales que en Kirby Hall alcanza su más característica ordenación decorativa, son las construcciones más significativas de esta etapa.

De igual manera, el arte escultórico en este período produjo escasísimas obras de algún interés, que en todo caso se debieron a ciertos artistas procedentes de Italia. También extranjeros fueron los pintores que desarrollaron su trabajo entonces. Hans Holbein el Joven, el retratista más codiciado de la época, fue atraído a la corte, donde realizó algunas de sus mejores obras como por ejemplo el famoso cuadro de los Dos Embajadores y Antonio Moro (1519-1575) originario de Utrech que también se ganaría en España las simpatías de Felipe II.

El Renacimiento francés

El sistema renacentista penetró en Francia de una forma más amplia culminando su aceptación gracias a la figura de Francisco I, incondicional admirador del nuevo arte italiano. Ya los castillos de Amboise y de Blois incluyeron, en tiempos de Luis XII (predecesor en el trono de Francisco I), algunos elementos decorativos típicamente italianos. Pero son, sin lugar a dudas, los Castillos del Loire, especialmente los de Blois y Chambord, las construcciones más genuinamente
renacentistas que se diseñan en Francia en el primer tercio del siglo XVI. No obstante, serán las obras producidas a lo largo del período de 1540 a 1580 las que ratificarán definitivamente la adaptación del orden italiano en la arquitectura francesa. Artistas como Pierre Lescot (1510-1570) y Philibert de L’Orme (1510-1578), arquitectos del Louvre, o Jean Bullant (1510-1578), que intervino en el palacio de las Tullerías, son autenticos representantes del Renacimiento europeo.

Jean Goujon
(1510-1566), si bien desarrolló su actividad en el campo de la escultura, tuvo vital participación en las construciones de Lescot y Bullant, aportando su talento en la decoración de los monumentos edificados por ellos. Como obra exenta par ticularmente hermosa es preciso citar sus elegantísimas Ninfas que aparecen entre las pilastras de la Fuente de los Inocentes, en París.

La pintura francesa renacentista se localiza principalmente en el siglo XVI, aunque ciertos indicios surgen ya a partir de la segunda mitad del siglo XV con los primeros retratos que Jean Fouquet (1420-1480) realizara aportando algunos elementos italianos. Pe ro será la escuela italiana constituida en Fontainebleau y, sobre todo, los trabajos de Jean Clouet ( muerto en 1540), pintor oficial de Francisco I, y su hijo François Clouet (1422-1480), los representantes más significativos del estilo renacentista francés.

Los Países Bajos y el Renacimiento

Si en pintura la superioridad de los artistas flamencos sobre los franceses queda patente a través de la fuerte influencia de los herederos de Van Eyck y Roger van der Weyden, en arquitectura el proceso es inverso ya que son franceses los que introducen en los Países Bajos el estilo florentino. Artistas entre los que destaca Guyot de Beauregard, quien en 1507 proyectó el palacio de Justi cia en Malinas, utilizando las típicas ventanas alargadas rematadas con el característico gablete triangular, pronto ampliaron sus trabajos desarrollando el nuevo orden en prácticamente todas las edificaciones oficiales. Los ayuntamientos de Leyden, Amberes y La Haya son sin duda monumentos arquitectónicos muy interesantes.

El movimiento escultórico en los Países Bajos gira en torno a dos actividades básicas: la talla en madera de complejos retablos y los grandes monumentos funerarios que a partir de 1570 se desarrollan según el estilo renacentista italiano.

Los avances tanto técnicos (procedimientos, perspectiva…) como iconográficos, en materia de pintura, se desarrollan magníficamente en la escuela flamenca del siglo XVI. Los hermosos paisajes de Patinir (1480-1520), las equilibradísimas composiciones de Lucas van Leyden (1494-1533), el surrealismo del Bosco (1450-1516) o las populares escenas de Pieter Brueghel (1525-1569) contienen
todos los elementos claves que distinguen a esta escuela pictórica como un fenómeno aparte.

El caso particular de España

Hablar del arte del Renacimiento español, implica, fundamen talmente la mención de tres fenómenos trascendentales: El Escorial, el Greco y la originalísima escuela escultórica contrarreformista, que adelanta en muchos años el barroquismo del siglo XVII y que no tiene parangón en ningún otro centro artístico de este período.

La arquitectura renacentista española

Partiendo de una saturación decorativa, que sobre soportes góticos flamencos (isabelinos) se practica desde fines del siglo XV, la arquitectura española evolucionará hacia una forma más austera, desenlace evidente de los postulados del Concilio de Trento.

El monasterio de San Lorenzo de El Escorial es sin lugar a dudas el monumento más importante y caracteristico del Renacimiento español.

El monasterio de San Lorenzo de El Escorial es sin lugar a dudas el monumento más importante y caracteristico del Renacimiento español.

El estilo gótico plateresco
Aporta una ornamentación inspirada en las novedades decorativas italianas, pero sin desmontar la estructura gótica de los edificios. Son representantes de este estilo arquitectos como Lorenzo Vázquez, autor del colegio de Santa Cruz (Valladolid), Pedro Gumiel, inventor del estilo Cisneros -mezcla de elementos árabes y renacentistas-, que apare cen evidentes en la sala capitular de la catedral de Toledo; o el maestro Juan de Alava, creador de la famosísima fachada de la Universidad de Salamanca.

El estilo plateresco purista
A partir de 1530 las estructuras arquitectónicas se acercan más a la renovadora oleada procecente de Italia y la profusa decoración cede paso a una mayor búsqueda de la armonía. De esta tendencia Alonso de Covarrubias y Rodrigo Gil de Hontañón, proyectista de la fachada de la Universidad de Alcalá, son los arquitectos más significativos.

El estilo herreriano
Juan Bautista de Toledo coloca en 1563 la primera piedra del que será el prototipo del arte trentista español y universal, anticipo del Barroco: el monasterio de San Lorenzo de El Escorial. La austeridad decorativa queda cubierta por la equilibradísima ordenación de su estructura de planta rectangular.

Las obras las concluiría Juan de Herrera, quien cedería su apellido para designar a este estilo que, en la catedral de Valladolid, se desarrollara con una gran firmeza. El estilo herreriano se constituyó como sistema constructivo oficial durante el reinado de Felipe II, ampliando su aplicación a través de los discípu los de Herrera, hasta bien entrado el siglo XVII.

La pintura del Renacimiento en España

La pintura española del siglo XVI en general ofrece un nivel bastante mediocre si la comparamos con el arte pictórico italiano, alemán o flamenco de la misma época.

En la primera mitad del siglo XVI, Pedro Berruguete, en Castilla, muy influido por el arte flamenco, Alejo Fernández ( muerto en 1544), en la escuela andaluza, Juan de Borgoña ( muerto en 1535), en su taller toledano, y Juan de Juanes (muerto en 1579), representando a la escuela valenciana, destacan sobre el pobre panorama pictórico.

En la segunda mitad de este siglo XVI también pueden men cionarse, especialmente por la popularidad que alcanzaron con sus devotas láminas, Alonso Sánchez Coello ( muerto en 1588) y sobre todo Luis de Morales (1520- 1586). Pero la numerosísima obra de estos pintores queda absoluta mente apagada gracias a la excepcional figura del Greco (1541-1614) Doménikos Theotokopoulos, llamado el Greco por su origen cretense, es el introductor en España del auténtico espíritu de la escuela de Tiziano. Su formación veneciana le dota de los recursos técnicos necesarios para desarrollar un arte de tanta plasticidad como el que produjo el pintor en Toledo. Obras de tan fina sensibilidad como la Dama de armiño o el Caballero de la mano en el pecho contrastan con las espectaculares representaciones religiosas cargadas de efectísimos cromáticos y
magnífica estructuración compositiva como el Expolio o El entierro del conde de Orgaz.

La escultura en el Renacimiento español

Sin duda la actividad artística más representativa del arte del siglo XVI en España es la escultura religiosa, que, utilizando básicamente el procedimiento de la talla en madera policromada (también se empleó la piedra y el alabastro, pero sólo en los trabajos funerarios), cubrió todas las necesidades de adoración y culto a las imágenes tan extendidas en la España contrarreformista.

Tres son los períodos que se deben distinguir: El primer tercio del siglo, marcado por un fuerte acento gótico en las formas. El segundo tercio, caracterizado por una máxima exaltación de la expresión religiosa, a veces convulsionando las figuras hasta extremos inconcebibles, sumando además las corrientes italianizantes. El último tercio del siglo, el más clasicista, motiva cierta frialdad en las actitudes sobre todo si se contrasta con las obras del anterior ciclo. La actividad escultórica española se distribuye en los dos pri meros períodos (los más característicos) a lo largo de varios focos regionales:

Aragón
Giovanni Moreto es el autor del retablo de la catedral de Jaca, y Damián Forment (1480-1540), escultor del retablo del Pilar de Zaragoza y del de la catedral de Huesca.

Burgos
La presencia de artistas como el francés Felipe Bigarny ( muerto en 1542) o el miguelangelesco Bartolomé Ordóñez ( muerto en 1520), autor del sepulcro de Felipe y doña Juana en Granada, no enturbia la obra del más creativo de los artistas de la escuela burgalesa, Diego de Siloé (muerto en 1563), quien estaba totalmente ligado al movimiento manierista.

Valladolid
Los escultores que trabajan en Valladolid presentan como rasgo común y característico una incondicional admiración por la obra de Miguel Angel. El movimiento, el ritmo y el dramatismo de estas imágenes y grupos escultóricos es en ocasiones sobrecogedor. Alonso Berruguete (hijo del pintor) (1490-1561) y el francés Juan de Juni ( muerto en 1577) asumen la representación de este
característico arte nacional.

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